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Reflexiones y contextos para la educación
y formación de personas adultas.

Abril 1999

Educación intercultural como educación en la diversidad


Los términos del problema

La historia de los países de la Europa occidental se ha caracterizado de manera constante por una actitud etnocéntrica y por el dominio cultural de algunos grupos sobre otros, con razones y motivaciones siempre directamente relacionadas con intereses económicos y de poder político.

Hablar de multicultura es hablar de opresión, resistencia, violencia.

Hablar de intercultura es revisar como durante años nos hemos encerrado dentro de una fortaleza rica, pero llena de contradicciones en su interior, y son justo éstas que nos han obligado a afrontar el problema. Quisiera repasar, de modo sumario, algunas de las contradicciones políticas y culturales que estamos viviendo, como punto de partida para la reflexión:

  • COOPERACION Y DISCRIMINACION: En los últimos decenios, nos hemos agarrado a la idea de una Europa unida y a la creación de un espíritu europeo, pero al mismo tiempo se ha producido una fuerte discriminación entre norte y sur de Europa y entre regiones pobres y ricas: dentro de Europa muchos países se sienten considerados menores, maltratados por las políticas comunitarias, otros ven negado su ingreso a la Unión, aun perteneciendo geográficamente al continente europeo.
  • UNIFICACIÓN Y MINORIAS: frente a los problemas provocados por las fuertes olas de inmigración extracomunitaria, nos hemos dado cuenta que no estábamos preparados para acogerlas. Todavía teníamos que resolver cuestiones relacionadas con la comunicación pacífica dentro de nuestra sociedad, y que el racismo y la xenofobia no eran sino la punta de un iceberg que implicaba la intolerancia hacia todos los "diferentes", también hacia aquellos "autóctonos" (mujeres, pobres, gitanos, o colectivos discriminados por criterios y consideraciones personales y subjetivas).
  • NORMALIDAD Y DIVERSIDAD: el "diferente" nos induce a reflexionar sobre nosotros mismos y sobre las relaciones entre los llamados "normales". Lo estábamos viviendo respecto a la integración de los portadores de handicap o el debate sobre la eliminación de los manicomios. Los extracomunitarios nos han obligado a reflexionar sobre el hecho que no nos aceptamos ni siquiera entre nosotros. Frente al miedo el primer impulso es la defensa: el monolingüismo y la monocultura.
  • EMIGRACIÓN E INMIGRACIÓN: muchas poblaciones europeas, entre ellas italianos y españoles, han sido caracterizadas en el pasado por un fuerte flujo migratorio hacia países europeos y extraeuropeos con mayores posibilidades de trabajo. Pero en los últimos decenios esta tendencia se ha invertido, proponiendo problemáticas nuevas y hasta ahora nunca enfrentadas.
  • GLOBALIZACIÓN Y NACIONALISMO: en una época en que la economía mundial se caracteriza per un proceso de globalización que provoca la interdependencia política y económica de países muy lejanos entre ellos, se asiste al mismo tiempo a brotes nacionalistas y separatistas que provocan instancias de autonomía política siempre más fuerte.
  • DESARROLLO Y SUBDESARROLLO: los países occidentales presumen a menudo de haber logrado niveles óptimos de desarrollo y se oye hablar de primer, segundo y tercer mundo. Hay que observar que esta clasificación es rica de contradicciones en su interior, ya que dentro de los países del llamado primer mundo, existen todavía bolsas de subdesarrollo que denuncian la supervivencia de estratos de la población todavía afligidos por la miseria, la mortandad infantil, las expulsiones precoces de la escuela.
  • CULTURA Y CULTURAS: veremos como las definiciones de cultura son muchas y muy diferentes entre ellas, según el punto de vista antropológico y social que se adopte. Se puede también mencionar que cada vez más el término cultura viene utilizado también para denotar comportamientos, mentalidades, expectativas, etc. relativos a sujetos individuales o colectivos. Así hablamos de cultura de la empresa, cultura de clase, cultura del alumno, cultura del maestro, etc.


En el marco de la psicopedagogía, las primeras profundizaciones acerca del tema propuesto son de los años setenta, cuando se empezó a hablar del plurilingüismo con una acepción positiva. La cultura venía un poco como añadido: se supone que lenguas diferentes arrastran culturas diferentes, pero el concepto quedaba en la sombra. Ahora sabemos que efectivamente lengua y cultura pueden ser consideradas dos caras de la misma moneda y que el monolingüismo ha sido a menudo vivido como la afirmación de una cierta cultura respecto de las convivientes o vecinas.

Desde un punto de vista psicolingüístico en cambio el desarrollo plurilingüe del lenguaje, pone en evidencia muchas ventajas para el desarrollo de la personalidad y del pensamiento; desde un punto de vista histórico y social, los estudios sobre plurilingüismo fueron importantes en cuanto atribuyeron credibilidad teórica a la posibilidad de vivir y crecer con una pluralidad de puntos de referencia, tanto lingüísticos como culturales, pues abría el campo a la multicultura, entendida como la posibilidad de convivencia pacífica entre diferentes culturas en el mismo territorio. ¿Pero de qué manera y según qué modelos?


El evolucionismo

Todas las actitudes etnocéntricas se basan en un mismo principio: establecen una escala de valores en el eje del llamado desarrollo, a partir del cual todas las formas culturales pueden ser ordenadas y clasificadas a lo largo de este eje, dando origen a un juicio de valor, más o menos explícito, desde culturas que pueden ser definidas primitivas hasta culturas evolucionadas o desarrolladas en grado siempre mayor. A mayor desarrollo se atribuye evidentemente mayor valor y importancia hasta el punto de legitimar acciones de conquista y de predominio de un pueblo de cultura más "avanzada" respecto a otro con una cultura "inferior". El concepto de cultura que se deriva es uniforme, estático y casi siempre privilegio de algún grupo social, medido con cánones occidentales y caracterizados por desarrollo tecnológico. Desde un punto de vista lingüístico y cultural ello implica la asimilación de la cultura inferior por parte de la más evolucionada. Claros ejemplos de aplicación de criterios evolucionistas son, en la historia, el imperio romano, especialmente en su época clásica, la conquista de América, el colonialismo europeo especialmente del siglo pasado y, en la actualidad, formas de paternalismo - colonialismo estadounidense hacia los países latinoamericanos, las relaciones entre norte y sur, entre regiones pobres y ricas en el interior del mismo estado. El evolucionismo está presente también en las relaciones interpersonales entre los componentes de culturas diferentes que conviven en el mismo territorio. En dos palabras: todas las formas de discriminación se basan en el falso principio que existen culturas, etnias o lenguas más evolucionadas que otras, con todas las consecuencias que ello comporta.

En la educación tal acercamiento vendría a justificar precisamente la necesidad de civilizar a otros pueblos y a otras culturas, de ayudarles a crecer y a desarrollarse (según un concepto de cooperación que tiene mucho que ver con la colonización), a ponerse al paso con los tiempos, a renunciar a prácticas sociales o religiosas bárbaras, a aceptar nuestra organización social, política y religiosa que ha demostrado históricamente ser la correcta. Sabemos no obstante que muchas persecuciones raciales han tenido este origen filosófico y político, escondiendo las razones de explotación económica que en general son su verdadera causa.

Es verdad que existen culturas o países tecnológicamente más avanzados que otros: es la única afirmación plausible, pero no es suficiente por sí sola para justificar la intolerancia.


El relativismo cultural

Los años ochenta se han por la superación, al menos en teoría, del evolucionismo y por la afirmación del relativismo cultural. El principio fundamental que con ello se quiso postular es que todas las culturas son por sí mismas respetables y tienen el derecho a vivir y a desarrollarse según sus propios cánones. Siguiendo esta teoría, la cultura de un pueblo viene dada por el conjunto de sus manifestaciones en todos los campos de la vida y del saber, y cada cultura se dota de las propias estrategias de desarrollo y de adaptación al ambiente y a las circunstancias, así que en tal evolución no es correcto intervenir por parte de otras culturas.

En el caso que nos interesa, o sea, en las situaciones en que diferentes culturas conviven en el mismo territorio, partiendo del esquema propuesto por el relativismo cultural, las que se hallen en estado de predominio numérico o de riqueza, deberían conocer y respetar las culturas con las que entran en contacto, sin interferir en ellas y sobre todo sin juzgar sus características a partir de las propias coordenadas culturales.

Aplicado a la educación, el enfoque cultural que se obtiene es más o menos el siguiente: - Son diferentes de nosotros, tienen otras costumbres, diferentes de las nuestras, pero no son ni mejor ni peor que nosotros y tienen derecho a vivir a su manera, ¡sin que nadie les moleste!

Pero, ¿qué hacer delante de manifestaciones contrarias a nuestra manera de operar, o contrarias incluso a nuestra moral? ¿Qué decir frente a la práctica de hacer trabajar a las mujeres como esclavas, típica de algunas culturas también europeas o de practicar la clitorotomía en algunas culturas africanas? A nivel teórico afirmar la aceptación del "otro" así como es, puede resultar un lema democrático y bienpensante, pero ¿qué sucede si tu vecino de casa vive con tres mujeres y ocho hijos y todos trabajan a parte de él?

El relativismo cultural se ha demostrado un acercamiento válido para mirar en la televisión reportajes que hablan de otras culturas, pero difícil de sostener sin grandes contradicciones en la convivencia cotidiana con otras culturas en el mismo territorio. Pensándolo bien, la única vía de salida que se prospecta en situaciones en las que no se rechaza, pero no se puede aceptar la diferencia ajena, es el gueto de la cultura "otra", relegada en un espacio y un tiempo de falso respeto, que no permite el diálogo y el crecimiento conjunto, sino que, como máximo, garantiza la convivencia sin aparente violencia.


Intercultura: algo más que estar juntos

En estos últimos años la antropología cultural se ha interesado mucho más en la superación de la multicultura, entendida como posibilidad mínima de convivencia entre diferentes culturas en el mismo territorio y se ha orientado siempre más decisivamente hacia un modelo hermenéutico intercultural, en el que existe un intercambio continuo entre las diferentes culturas, sin que nadie deba renunciar a las propias características. Es deseable, en un modelo de intercambio, que exista ósmosis entre los diferentes grupos culturales, que puedan confrontarse en un dialogo abierto y a veces, por que no, en un conflicto negociado.

Es el concepto de cultura ante todo el que ha sufrido teóricamente algunas importantes variaciones: ya no es visto tanto como manifestación extrínseca de hechos, costumbres, maneras de vivir, sino, sobre todo, como un espacio de relaciones que se dan entre los componentes de un grupo cultural, y entre ellos y los miembros de otras culturas, en un contexto físico y político no aséptico, sino definido por precisas circunstancias. Tal cambio de perspectiva es fundamental en cuanto aporta dinamismo al concepto de cultura y busca la superación de una idea estable y prefijada de lo que cada cultura representa. La cultura es, según esta visión, un ser vivo, en continua mutación, cuya característica fundamental es la necesidad de adaptarse a las circunstancias ambientales, bien sean geográficas, sociales, económicas. La visión diacrónica es la que más interesa en este acercamiento teórico: cómo evoluciona una cierta cultura en el momento en que entra en contacto con otras culturas y con otras circunstancias.

Pongamos un ejemplo: está claro que un grupo de magrebies que desembarca en España a la búsqueda de nuevas oportunidades de vida y de trabajo, deberá perseguir una adaptación al nuevo sistema de vida y de valores con los que entra en contacto; no es plausible pensar que permanezca en las mismas posiciones como si se hubiera quedado en el propio ambiente, con leyes y economías diferentes, a menos que no se les deje otra opción. Fijar en ellos comportamientos y manifestaciones culturales preconcebidas o tradicionalmente asociadas a su grupo de origen, significa a menudo encerrarles en un gueto y construir barreras que obstaculizan la posibilidad de cambio y de adaptación a las nuevas condiciones de vida.

Pero también los habitantes de los países europeos que reciben un gran flujo migratorio pueden adoptar, si bien con menor presión, costumbres y modalidades de vida importadas por los inmigrados, cuando éstas sean consideradas positivas para el desarrollo y el crecimiento del propio modus vivendi. En el pasado, por ejemplo, muchos italianos han buscado trabajo en el extranjero. Ellos han sido a menudo objeto de discriminaciones sociales, pero también han logrado difundir algunas de sus peculiaridades, ¡sobre todo gastronómicas! Y no vale pensar: - Claro, la pasta, la pizza y el helado ¡son tan buenos! Por que cualquier cultura tiene algo que aprender, pero también algo que enseñar a los otros. El intercambio y la ósmosis entre grupos distintos son naturales en ausencia del prejuicio.

¿Qué decir a propósito de situaciones de conflicto entre principios morales diferentes? Es obvio que las diferencias religiosas y éticas son difíciles de afrontar sin recorrer a la discriminación y al desprecio. Puede ayudar, a este propósito, dialogar sobre la afirmación de algunos principios generales o derechos humanos, que regulan la convivencia entre las personas, válidos para todos, independientemente de prejuicios étnicos, sociales o políticos. Con respecto, por ejemplo, a la clitorotomía es obvio que es y debe ser considerada una agresión a la integridad física y psíquica de la persona y, por tanto, puesta en fuerte discusión. Pero, sobre la base del mismo principio, sería oportuno revisar algunas prácticas quirúrgicas consideradas normales entre nosotros, igualmente puestas en tela de juicio por parte de grupos alternativos o minoritarios que las consideran también agresivas. Tal es el caso de la costumbre típica de los años de mi infancia de extraer a los niños las amígdalas o la actual tendencia a operar partos cesáreos, a menudo de dudosa necesidad. Sé que este tipo de observaciones trae consigo muchas polémicas, justo por que nos introducen en el meollo de la cuestión. El conflicto es necesario a menudo para crecer, pero evidentemente no se puede y no se debe renunciar a discutir, a confrontarse con respeto, paz y democracia.


Infiltraciones del concepto de intercultura en la vida cotidiana

Todo lo dicho ¿influye en nuestra vida de cada día? Creo que sí.

Recordemos ante todo que hablar de discriminación, de prejuicio, de marginación, no es sólo hablar de negros, judíos o musulmanes. La diversidad está en la vida de todos y se apoya en innumerables razones no sólo culturales, sino también y sobre todo económicas, sociales y hasta estéticas.

Desde la psicología se afirma que el rechazo del "diferente" es fisiológico en los cachorros por autodefensa de la propia integridad y estabilidad y que es la racionalidad quien, con la madurez, puede favorecer la correcta superación del egocentrismo. En este ámbito, la ayuda del adulto es de fundamental importancia como guía, como ejemplo. Siempre y cuando también el adulto padre o maestro sea capaz de poner en discusión su actitud hacia el "diferente", de encontrarse con sus puntos oscuros, de aceptarse a sí mismo, de ponerse en discusión para poder crecer con los demás. También el adulto tiene miedo del cambio y frente al "nuevo" o al "diferente" pone en marcha mecanismos de resistencia, en los que todo lo nuevo y lo que viene de fuera es considerado como una amenaza a la propia integridad, a las ventajas adquiridas, a las difíciles conquistas realizadas. ¿Pero es exactamente así? No siempre. Por ejemplo, en relación con las inmigraciones masivas de trabajadores y trabajadoras extranjeros/as se oye a menudo decir que vienen a robarnos el trabajo, el poco que tenemos, que con nuestros impuestos el estado debe asistirles y proporcionarles una vivienda, algo que comer, e incluso asistencia médica. Es evidente el miedo y la resistencia que están en la base de tal razonamiento, pero en realidad todos sabemos racionalmente que los puestos de trabajo a los que los inmigrados optan pertenecen a circuitos completamente diferentes de aquellos en los que se mueven los autóctonos y que si los flujos migratorios existen y son permitidos y a veces favorecidos, es justamente por que existe la necesidad de aquel tipo de mano de obra normalmente a bajo precio. Y pues: ¿Por que no ver que estas familias contribuyen activamente al desarrollo de nuestra economía y merecen por lo menos aquellos escasos recursos que se les dedica en la primera acogida?

Convivir en el respeto dialogado, aprender a discutir y a negociar el conflicto, poner en duda nuestras verdades para poder abrirnos también a las verdades ajenas: este es el mensaje que la educación intercultural quiere transmitir a nosotros los educadores y a nuestros alumnos.