Presentación | Integrantes | Contacto | Foro
Revista Publicaciones | Actividades | Calendario | Enlaces | «volver

30
Investigación en educación personas adultas.
Octubre 2002

Educación popular y cultura del trabajo:
pedagogía(s) de la calle y pedagogía(s) de la producción asociada
*

Lia Tiriba
Profesora de la Facultad de Educación de la Universidad Federal Fluminense - UFF; Miembro de NEDDATE - Núcleo de Estudios, Documentación y Datos sobre Trabajo y Educación/ Rio de Janeiro, Brasil.

Con diferentes concepciones y estilos pedagógicos, contribuimos para construir diferentes maneras de hacer y pensar el trabajo (no como "el único", sino como un importante elemento de constitución de la existencia humana). Si los procesos educativos van más allá de la escuela, pensamos que además de comprender la "pedagogía de la fábrica capitalista", hace falta desvelar otras pedagogías: la "pedagogía de la calle" y la "pedagogía de la producción asociada". Con este propósito, presentamos algunos "retratos" y aportes teórico-prácticos que resultan de nuestras investigaciones acerca de los mundos del trabajo de una inmensa mayoría de la población latinoamericana que no ha conseguido acceder a la escuela o a una escuela de calidad para las clases populares. Considerando los procesos productivos como instancias de educación de trabajadores, tejemos algunas consideraciones sobre los horizontes político-pedagógicos de los procesos educativos impartidos (desde fuera) por los "técnicos" hacia el interior de los emprendimientos económicos asociativos. Reivindicamos la articulación entre economía popular, educación popular y educación de personas adultas, sin olvidarnos que, en los países del "tercer mundo", además de los adultos, también los jóvenes, niños y viejos están buscándose la vida, lidiando con la perversa lógica excluyente del mercado capitalista.


Trabajadores ambulantes y trabajadores caminantes: retratos de la ciudad

He aquí algunos retratos de las grandes ciudades latinoamericanas. Son retratos de os actores de la economía popular: niños, jóvenes, adultos y mayores que caminan por "la calle de la esperanza". Son los recogedores de botes vacíos de cerveza tiradas en la arena de la playa, son vendedores de croquetas de yuca (fritas, ahora mismo y allí mismo, en la acera), son "boias-frias" i que se volvieron vendedores de hierbas medicinales, prostitutas (os), camellos, lavadores y guardadores de coches.... Además de los dinamizadores del "truco de los cubiletes" lo que está de moda en el mercado de trabajo es el hombre-estatua (que desde hace mucho se presenta en los sábados y domingos en el Parque del Retiro, en Madrid). Sin hablar de los niños-malabaristas que, en los semáforos, asustando a los conductores, cercan los coches para demostrar que mereció la pena las enseñanzas de la "escuela de la vida" (incluso de aquellos pocos años vividos en los pupitres de la EGB).

Los retratos de la gran ciudad también nos enseñan los trabajadores que perdieron o nunca adquirieron el estatus de pertenecer al "cuadro de empleados de tal empresa". Para ellos, la gestión colectiva de los medios de producción ha sido un desafío y, a la vez, una manera de insertarse en el mercado capitalista de trabajo ( y en otros mercados) ii. En Brasil, los trabajadores urbanos tienen, en media, sólo cuatro años de escolaridad, sin embargo es posible decir que los trabajadores asociados presentan las más variadas gamas de calificación: metalúrgicos, psicólogos, enfermeros o recogedores de botes vacíos de cerveza que son tiradas en las aceras y en las arenas de las maravillosas playas, son ellos los que - vía el asociativismo - organizan sus propios emprendimientos económicos.

Cuando las personas están hambrientas por comida, vivienda, educación, preservación de la salud física y moral.... a nosotros nos falta todavía más sensibilidad para reconocer lo que Thompson (1979), llamó "economía moral de las multitudes." Teniendo como fondo la Inglaterra del siglo XVIII, analiza las formas por las cuales los seres humanos, acumulando fuerzas individuales y energías colectivas, materializan su capacidad para encontrar los medios para la producción social de su existencia. Sean individuales o asociativas iii , las estrategias populares de supervivencia son tan antiguas como el hambre. Hoy por hoy, se vuelven todavía más visibles en la medida en que proliferan, principalmente en los países donde los trabajadores no disfrutan de la "sociedad del pleno empleo". Evidentemente, teniendo Brasil como referencia, hablamos de los países del llamado "tercer mundo" - donde las actividades de la economía popular están en las aceras de la calle, y aun al medio de las calles. Al revés de "trabajadores ambulantes" tendríamos que llamarlos "trabajadores caminantes? "Caminos no hay caminos", sin embargo, somos caminantes ¿hacia qué sociedad? Hacia qué proyecto de humanidad.
A partir del presupuesto de que, además de no haber conseguido sentarse en los pupitres escolares, los trabajadores y las trabajadoras han sido expulsados o nunca han conseguido ingresar en el llamado "mundo de la economía informal" o "mundo del mercado del trabajo formal", partimos de algunos supuestos teórico-prácticos: a) los conceptos de "economía formal" y "economía informal" no son suficientes para explicar la complejidad de las relaciones sociales frente a los procesos de globalización de la economía (no sólo de bienes materiales, sino también simbólicos. Hace falta el concepto de economía popular, como termino que nos ayuda a comprender las transformaciones en el mundo del trabajo; b) El trabajo por cuenta propia ( individual o colectivo) es una alternativa a la crisis del trabajo asalariado; es también un mecanismo para favorecer la reestructuración productiva y la flexibilización de la relación entre capital e trabajo. c) Aunque se produzca en el interior mismo de la sociedad capitalista, la economía popular (como trabajo productivo para el capital y para el trabajo) puede contener los gérmenes de un nueva cultura del trabajo que, al revés del modo de producción capitalista sea elemento constituyente de un nuevo modo de producción de la existencia humana.


Lo técnico y lo político en la educación popular y en la economía popular

Desde la perspectiva de la emancipación de los sectores populares, han sido pocos los estudios que han intentado, de forma profunda, articular la educación popular con la problemática de la relación trabajo / educación. Así que el desafío es cómo articular los dos campos de conocimiento y de acción, a través de un proceso práctico que redimensione a la vez la cuestión de la racionalidad económica y de la racionalidad educativa. ¿Cómo es posible redimensionarlas ?

Para los trabajadores que, además de no tener acceso a una educación básica de calidad, y que históricamente estuvieron relegados a las tareas de ejecución, el tema de la viabilidad económica de sus emprendimientos es un tema que les preocupa sobremanera, constituyéndose hoy por hoy como un importante contenido programático en los cursillos de capacitación. Sin duda, uno de los problemas de los trabajadores asociados es su poca familiaridad respecto a las prácticas de administración y gestión, y la incipiente manera con que han tratado las cuestiones económicas y financieras. Para algunos educadores la metodología consiste en que los trabajadores formulen preguntas sobre el emprendimiento que han organizado o pretenden organizar, y después, intenten contestarlas logrando "unir eficiencia con un proceso democrático, participativo y solidario"(Capina,1997:5). Pero, si "lo que interesa es buscar quienes nos pagan el mejor precio"(Ibid:35), ya no podemos hablar de una economía de los sectores populares desde un nuevo horizonte, sino mas bien de una racionalidad económica y de una racionalidad educativa todavía confusas y contradictorias. En verdad, lo que pasa es que no sólo los trabajadores asociados, sino también nosotros ( los "intelectuales", los "técnicos"), seguimos con la dificultad - y a la vez el desafío - de relacionar teoría / práctica, de articular lo técnico a lo político, reflexionando sobre una nueva cultura del trabajo que no se quede en las nubes, pero que pueda, paulatinamente, materializarse en lo cotidiano de los grupos.

Ahora bien, es a lo largo del proceso de trabajo y de otras instancias de producción de su existencia que el grupo de trabajadores elabora sus preguntas, busca las respuestas, vuelve a reelaborar las preguntas, confrontando cotidianamente las condiciones objetivas y subjetivas del mundo vivido con el mundo soñado. En este sentido, no podemos hablar de la importancia de un estudio, sino de la necesidad de aprender a hacer muchos estudios de viabilidad, en los que las preguntas y respuestas se presentan permanentemente a los trabajadores, en un proceso en el que la praxis productiva se constituye como principio educativo. También es necesario considerar que las preguntas que los trabajadores asociados se hacen a sí mismos no pueden ser concebidas como si fueran una cuestión cuya respuesta se sitúa en el campo técnico propiamente dicho, pues el contenido y la forma como se pregunta nunca es neutra, (por más que uno lo pretenda), sino que presupone un determinado tipo y grado de compromiso del sujeto con el objeto en cuestión. Es decir, no se trata simplemente de decidir sobre "esto o aquello", sino de descubrir lo que todavía está oculto en lo cotidiano, buscando soluciones técnico-políticas que provisoriamente puedan dar respuestas a lo que es difícil y contradictorio. En otras palabras, el esfuerzo para tornar viable el emprendimiento, presupone un estudio sobre la posibilidad de que, técnicamente, los trabajadores puedan tornar viable su proyecto político. La búsqueda de una praxis que contemple la unidad entre los objetivos económicos y los objetivos sociales es, exactamente, la llave de la educación de los trabajadores, la cual es comprendida como proceso permanente y como resultado provisional de acción/reflexión/acción.

Si se pretende combinar la eficiencia con un proceso democrático, participativo, transparente y solidario, hay que preguntarse qué democracia queremos, qué entendemos por solidaridad, buscando las diferencias y similitudes de las "acciones ciudadanas" estimuladas por los diferentes agentes de la economía popular. Así que, las definiciones sobre "qué es lo que los trabajadores van a producir", por ejemplo, va a depender de un "estudio de mercado", no obstante, las preguntas centrales serían: ¿quiénes serán beneficiados con el producto? ¿cuáles son las necesidades reales de la comunidad local? ¿en qué medida es posible atender a las necesidades de la comunidad? ¿de qué maneras? La respuesta "para quiénes vamos a vender" y si "merece la pena producir", además de tener como referencia qué es lo que los trabajadores entienden por necesidades humanas, presupone la comprensión de los conceptos de valor de uso y valor de cambio y, porqué en el capitalismo el segundo se sobrepone al primero, provocando la producción de despilfarros y la degradación del planeta.

Diferentemente de los procesos de "autoayuda" impartidos por los gobiernos, empresarios y por otros pseudo aliados de los excluidos del mercado formal de trabajo, el objetivo de la educación popular no puede ser el de contribuir para "aliviar la pobreza", y tampoco de ajustar las "competencias básicas" de los trabajadores para que consigan competir en el mercado, desconsiderando las necesidades reales e inmediatas de las capas socialmente desfavorecidas. La educación popular, al contrario de la "educación bancaria" (Freire, 1975), tiene como uno de sus objetivos cuestionar la actual lógica excluyente del mercado, y a la vez, crear alternativas para ella. Así que vinculado a éstas y a otras preguntas, está el descubrimiento también, a través de un proceso de acción-reflexión-acción, respecto a qué es el mercado y que, aunque el mercado de intercambio sea hegemónico en nuestra sociedad, existen otros mercado que se caracterizan por diferentes relaciones económicas: relaciones de cooperación, de reciprocidad, etc. Desde la perspectiva de constitución de un mercado solidario, que se caracterice por estas clases de relaciones económicas, es preciso cuestionar: ¿quiénes son los consumidores que los trabajadores van a privilegiar ? ¿ los del shopping center o los de la comunidad ? ¿ es posible insertarse tanto en la esfera del mercado de intercambio como en la esfera del mercado solidario? ¿ con qué criterios? Además, ¿ cuáles son las implicaciones políticas de los diferentes tipos de relación productor-consumidor en el proceso de circulación de mercancías? Contestar a estas preguntas presupone no sólo un aprendizaje técnico, sino también la definición y redefinición de un proyecto político respecto a la posibilidad de, en el interior mismo de una sociedad de mercado, establecer relaciones sociales y económicas de nuevo tipo.

Es indiscutible que los trabajadores asociados precisan dominar las operaciones básicas para hacer las cuentas, evaluar cuál es la actual situación económica y proyectar las metas de producción y comercialización que garanticen la remuneración de sus integrantes y el mantenimiento de la propia unidad económica. Además de calcular matemáticamente también necesitan de formación política para definir cuáles son los tipos de inversiones que serán necesarios para ello. ¿Las inversiones serán oriundas de instituciones benéficas ? ¿Serán consideradas como aportación de capital o como aportación de fuerza de trabajo? Si para los teóricos de la economía popular parece ser obvio que la elección de un determinado tipo de inversión interfiere, y a la vez condiciona, las relaciones entre los actores económicos, para los trabajadores no está claro necesariamente, a priori, cuáles son las condiciones objetivas que materializan las contradicciones entre capital y trabajo. En la práctica, tampoco está claro cómo el Trabajo puede volverse el factor de producción que da sentido y determina los demás factores de producción (Razeto, 1991).

Aún respecto a las inversiones, para obtener una producción planeada los trabajadores necesitan elegir las máquinas y equipamientos, lo que, a su vez, presupone conocimientos mínimos sobre los medios de producción, sobre el desarrollo tecnológico y los significados de la relación hombre/instrumentos de trabajo. En este proceso educativo, tampoco es posible olvidarse de los presupuestos de la división social y técnica del trabajo de la cuestión de la socialización de los conocimientos, preguntándonos porqué, de una manera general, la producción del saber, es concebida como algo que acontece después del proceso de trabajo: en las reuniones, asambleas, en los cursos de capacitación... En verdad, los dispositivos tecnológicos, la forma como se organiza la producción y se distribuye el trabajo es lo que va a permitir o no la socialización del saber in locu.

Otro aspecto a considerar en un proceso educativo que redimensione la racionalidad económica es: ¿Cómo pensar en una gestión cooperativa de manera que se a garantice horizontalmente el ejercicio de hablar, escuchar, dudar, criticar, sugerir y decidir?. ¿Cómo el estilo de participación puede favorecer que todos, y no sólo algunos, se tornen señores del proceso de producción? Para que el colectivo de trabajadores pueda, de hecho, dirigir y controlar a aquellos que transitoriamente los representan, ¿cuáles serían los contenidos técnicos y políticos de una "educación productiva" (Gutiérrez,1993) y permanente, que se desarrolle en el interior mismo de las organización económica popular? En lo cotidiano de la producción, ¿ es posible ir más allá del trabajo polivalente, promoviendo un proceso en que todos - y no solamente algunos - sean capaces de comprender los principios fundamentales de la gestión, teniendo acceso a los conocimientos necesarios que les permitan también cuestionar, opinar, proponer mudanzas ...en fin, decidir sobre cual es el tipo de gestión administrativa, financiera, jurídica... que mejor coincide con los intereses colectivos?


Educación de personas adultas: por una pedagogía de la producción asociada.

Para reflexionar sobre las bases de las pedagogías de los emprendimientos económicos populares es necesario considerar por lo menos tres presupuestos teórico-prácticos. El primero es que en la búsqueda incesante para "ganarse el pan de cada día", el trabajo se torna no solo un principio educativo, sino también un fin educativo. Los trabajadores han aprendido en la "escuela de la vida" que no es suficiente reivindicar del Estado sus derechos mínimos de ciudadanía. El abandono del Estado respecto a las necesidades básicas de alimentación, vivienda, educación, etc. han repercutido en la construcción de una "ciudadanía activa" - que va mas allá de la protesta y de la reivindicación. El segundo presupuesto es, que mediante la práxis las personas transforman la realidad. Incluso no teniendo acceso a la escolarización básica, la estructura de la división del trabajo -incluyendo aquí, los procesos de discusión, participación y decisión- es lo que permite ampliar en mayor o menor grado los saberes sobre el mundo del trabajo y la vida en sociedad. Como en la "pedagogía de la fábrica capitalista", en la medida en que los integrantes de estas unidades económicas aprehenden los conocimientos específicos para producir los bienes materiales para su supervivencia, aprehenden también los valores, los comportamientos que son necesarios para el establecimiento de determinadas relaciones de producción. El tercer presupuesto es que, como nos indica Razeto (1993), ninguna economía se torna solidaria porque las personas son buenas o generosas, sino cuando el Trabajo y la Comunidad se tornan los factores que determinan los demás factores de la producción. La solidaridad solamente se puede convertir en un valor real en la medida en que ella se incorpore en la propia organización del trabajo. Así, el objetivo de la educación no es que los trabajadores asociados apenas asimilen, de forma abstracta, los presupuestos filosóficos y políticos de una nueva cultura del trabajo o de una economía que se pretenda solidaria. No basta idealizar una nueva cultura del trabajo o una economía popular basada en el trabajo participativo y solidario. Más que nunca, es preciso aprender a hacerla, a materializarla en el día a día de la producción.

Entendemos que los procesos pedagógicos también se constituyen como un elemento de la cultura del trabajo, mediando las condiciones objetivas y subjetivas del proceso productivo. Tratándose de una empresa capitalista o de una organización económica popular, la dinámica de la producción es fuente de saberes, adquiridos y producidos en el proceso de trabajo. Pero la dura y cruda realidad es que los trabajadores no tienen la propiedad de tecnologías punta que les permitan aumentar su tiempo libre, y tampoco los fundamentos teórico-metodológicos que les permitan articular teoría y práctica, de modo que encuentren una forma más racional, y al mismo tiempo más humanizada para colocar los medios de producción a su servicio. Incluso cuando los trabajadores son los propietarios de los medios de producción, es exactamente el monopolio de estos dos instrumentos uno de los elementos a través de los cuales la clase dominante asegura su condición de dominación. Sin duda, los procesos productivos, y especialmente las experiencias de producción asociada, se constituyen como una 'escuela' de formación de trabajadores, sin embargo la naturaleza de las actividades allí desarrolladas no permiten, por sí mismas, la reproducción ampliada del saber. De acuerdo con Gramsci (In Nosella, 1992), cuando la escuela funciona con seriedad, no deja tiempo para el taller de producción, y a la inversa, quien trabaja seriamente solamente a través de un enorme esfuerzo puede instruirse.

Si la relación trabajo-educación tiene como presupuesto que el conocimiento producido en la escuela se inspira en el saber producido en las relaciones sociales que las personas establecen en su proceso de trabajo, la posibilidad de transformar la acción en acción-transformadora puede ganar cuerpo cuando los trabajadores tienen asegurado, por lo menos, el derecho a la educación básica. Así que, como parte integrante de un proyecto que contribuya para volver orgánica la economía popular, creemos que nos corresponde formular propuestas de proyectos educativos que, articulados con la escuela y recuperando los presupuestos de la educación popular, sean capaces de contemplar a los trabajadores que no tuvieron acceso o no consiguieron permanecer en los pupitres escolares y que, frente a la crisis del empleo, han intentado organizar sus propios emprendimientos.

Nos referimos a una perspectiva de calificación profesional que va más allá de "adecuar a los jóvenes y adultos a las necesidades del mercado"- mercado este excluyente. Y que, sin dejar de considerar las relaciones económicas de intercambio (que hoy son hegemónicas en la sociedad capitalista), abra caminos para desvelar otros mercados, otras relaciones sociales - cuya racionalidad no está basada en la "reprodución ampliada del capital", sino en la "reproducción ampliada de la vida" (Coraggio, 1995). Creemos que, frente al problema del desempleo y del aumento de la pobreza, los programas de formación profesional no deben dejar de considerar la "vocación económica" de la región, sin embargo, es preciso cuestionar en qué medida esta "vocación" (que en última instancia está determinada por la actual 'lógica del mercado'), ha ocultado, y a la vez sofocado otras vocaciones, en especial aquellas de los sectores populares. En otras palabras, ello implicaría un proceso de calificación profesional: a) que íntimamente articulado con la red pública de educación, contribuya para una amplia formación de los trabajadores; b) que la concejalía municipal encargada de empleo, trabajo e ingresos, tenga a los movimientos populares como eje norteador de su acción; c) que fortalezca, en el interior del mercado global, el mercado específico de los emprendimientos populares asociativos (cooperativas, asociaciones, grupos de producción, etc.); y d) que contribuya a la creación de redes de producción, comercialización y conocimientos de los pequeños emprendedores que intentan sobrevivir dentro de la perversidad de la actual lógica del mercado.

Vislumbramos propuestas de acción que, al articular trabajo y educación, puedan seguir los mismos caminos por los cuales muchos trabajadores han intentado organizar sus emprendimientos asociativos: articularse con la comunidad local y con los movimientos populares. Para ello, es preciso desvelar la especificidad de la unidad económica, así como de la totalidad de su barrio y de su territorio más amplio de trabajo: la comunidad local y la sociedad. En otras palabras, vislumbramos un proceso educativo que tiene como punto de partida la acción/reflexión/acción y la sistematización del cotidiano del trabajo y de la vida, teniendo como punto de llegada la búsqueda de nuevos valores y prácticas que permitan transformar permanentemente las relaciones de convivencia en la comunidad donde el emprendimiento económico se localiza.

Para los educadores que al mismo tiempo asumen la postura de investigadores, el desafío es ir mas allá de la "pedagogía de la fábrica", popularizando el saber académico, sistematizando el saber popular y construyendo con los trabajadores una "pedagogía de la producción asociada" que contribuya para la constitución una "sociedad de los productores libres asociados". Obviamente, no se trata de "enseñar a los pescadores a pescar", sustituyendo el saber popular por un saber "superior", y tampoco de transferir para los emprendimientos populares la responsabilidad de la escuela con respecto a la socialización y sistematización del conocimiento. Al contrario. Se trata de repensar la escuela y de ampliar los espacios educativos que promuevan nuevos saberes y nuevas prácticas sociales. Para ello, uno de los puntos de partida es comprender las iniciativas populares como instancia educativa, aprendiendo con los trabajadores las formas con que ellos están intentando gestionar sus emprendimientos, teniendo en cuenta sus expectativas de vida y de sociedad.

Pensando en la posibilidad de que la economía popular se torne en algo mas que un contenido programático y se convierta en uno de los ejes de la educación popular, es importante considerar que la articulación trabajo-educación no se agota en los espacios formales de producción y socialización de conocimientos. La articulación trabajo-educación no se agota en una escuela donde el maestro "prescribe" el saber acumulado, y los alumnos, desde los pupitres, lo asimilan (o no). Igualmente, por más que el proceso educativo - al contrario de la concepción "bancaria" - favorezca el encuentro y la confrontación entre los diferentes saberes, tampoco es suficiente un espacio formal de aprendizaje. Además, sería una ingenuidad imaginar que los "maestros" y "técnicos" tienen un larga experiencia sobre los dilemas y desafíos de la economía popular, y que por lo tanto, estarían aptos para asesorar a los trabajadores respecto a los rumbos técnicos y políticos de sus proyectos de vida y de trabajo. Pensamos que el proceso in locus de constitución de nuevas relaciones sociales y económicas es instancia educativa no sólo para los trabajadores asociados, sino también para los educadores - lo que nos lleva a reafirmar que la articulación entre trabajo-educación se extiende, necesariamente, a los proceso educativos que se configuran en lo cotidiano de la producción.

Si la educación de adultos debe ser esencialmente presencial (Cabello, 1997), en la práctica, ello ha tenido como presupuesto que los trabajadores pueden frecuentar una escuela para sistematizar sus conocimientos, y buscar allí nuevos saberes que contribuyan para dar sentido a su trabajo y a la vida en sociedad. Sin embargo, lo nuevo también estaría, en la presencia de los educadores en las organizaciones económicas populares (no exactamente como trabajadores asociados, sino como "trabajadores intelectuales") para que colectivamente, y "a pie de obra", también descubran una nueva manera de hacer y concebir el mundo de la producción, buscando las soluciones técnicas y políticas para la viabilidad de una economía que pueda materializarse en los intersticios de la sociedad capitalista. Desde luego, la teoría se produce en consonancia con la práctica; una nueva práctica produce un nuevo conocimiento, en un proceso en el que "el propio educador debe ser educado" (Marx y Engels,1987: 12). El problema radica en como articular las diferentes redes de producción de conocimientos y de nuevas prácticas sociales: escuela, universidad, ONG, asociación de vecinos, emprendimientos populares... ¿Cómo construir orgánicamente esta relación? ¿Hacia qué cultura del trabajo? ¿ Hacia que proyecto de sociedad?

 


Referencias bibliográficas

CABELLO, Josefa.: "Aprender para convivir: concepciones y estrategias en Educación de Personas Adultas", Diálogos,14 : 17-33. CAPINA: Puxando o fio da meada. Viabilidade económica de empreendimentos asociativos, CAPINA, Rio de Janeiro, 1998.

CORAGGIO, José Luis: Desarrollo humano, economía popular y educación, Rei Argentina/ Instituto de Estudios y Acción Social/ Aique Grupo Editor, Buenos Aires, 1995.

FREIRE, Paulo: Pedagogia do Oprimido, Paz e Terra, Rio de Janeiro, 1975.

GUTIÉRREZ, F.: "Educação comunitária e desenvolvimento sócio-político", en Gadotti y Gutiérrez.(orgs), Educação comunitária e economia popular, Cortez,S.Paulo, 1993a:23-33.

MARX, Karl y ENGELS, F. : A ideologia alemã (Feuerbach), Hucitec, São Paulo, 1987

NOSELLA, P. (1992) A escola de Gramsci, Porto Alegre: Artes Médicas

RAZETO, Luis: Empresas de trabajadores y economía de mercado, Programa de Economía del Trabajo - PET, Santiago de Chile, 1991.

_________: Los caminos de la economía de solidaridad, Vivarium, Santiago, 1993

SINGER, Paul y Souza, André R.: A economia solidária no Brasil. São Paulo: Contexto,2000.

TIRIBA, Lia: Economia popular e cultura do trabalho: pedagogia(s) da produção asociada. Ijuí:Unijuí, 2001.

THOMPSON, E.P. (1979) Tradición, revuleta y consciencia de clase. Estudios sobre la crisis de la sociedad preindustrial. Barcelona, Grijalbo.

 


--------------------------------------------------------------------------------

* Con varias modificaciones, este texto contiene partes del capítulo II del libro Economía popular e cultura do trabajo: pedagogía(s) de la producción asociada (Tiriba, 2001).

i "Bóia-fria"es la forma popular de hacer referencia a los jornaleros - aquellos que preparan la comida (bóia) para llevar al trabajo, y allí, tienen que tragarla (bóia) sin calentarla (fria).

i Razeto (1991) analiza que no hay apenas un mercado (el capitalista), sino que en el interior del mercado global podemos encontrar otros mercados. Ello porque los bienes económicos también fluyen y transitan entre las personas a través de relaciones económicas de comensalidad, reciprocidad, cooperación y donación.

i Sobre las diversas experiencias asociativas y autogestionarias en Brasil, véase Singer (2000)