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34&35
Utopía de lo cotidiano.
Septiembre 2003

La sal de la sabiduría y de la acción

Brunela Eruli


Con el tiempo la sal de las lágrimas, la sal de la pena y del duelo, debe transformarse en la sal de la sabiduría y de la acción.

Tengo a menudo la impresión de que Ettore no está aquí porque marchó de viaje., como sucedía a menudo,, uno de sus numerosos viajes que lo llevaron por los rincones del planeta. Él estaba siempre feliz de partir, excitado por como una especie de gourmet del descubrimiento, de la exploración, siempre con curiosidad por las gentes que iba a poder encontrar y conocer con motivo de un seminario , una conferencia o un curso universitario.

De niño, le llamaban el pionero y este mote , ocasionado por un extravagante sombrero de aire colonial que su abuela le dio, apuntaba su capacidad de inventar y de organizar los juegos , las actividades de toda una algarabía de niños , incluso de más edad que él, él era el lider reconocido.. Y pionero, Ettore, lo fue toda la vida, con una especie de fidelidad a su mirada de niño que descubre el mundo : mirada curiosa, maravillada, entusiasta, pero también penetrante, lúcida y a menudo inquieta.. Ettore tenía la mirada de los poetas, de los artistas que ven las cosas siempre desde un ángulo diferente. Esto asombraba a menudo a sus interlocutores. A veces podía, incluso, irritarlos. La amplitud de sus lecturas, de sus experiencias, de sus conocimientos ( era un apasionado de la historia, conocía los datos geográficos, culturales y económicos del país más pequeño del planeta) le permitían nutrir su discurso con elementos concretos. Todos lo que lo escuchaban salían con informaciones específicas y a menudo inéditas, incluso sobre su propio país de origen.

Ettore decía que tenía el gran privilegio de desarrollar un trabajo en el que estaba siempre, gracias a él, en dinámica de descubrimiento, de perfeccionamiento cultural. No hablaba a gusto ni a menudo de las inquietudes que él podía tener. Pensaba que la vida debía aportar a todos bienestar, alegría, creatividad. Esta utopía le hizo transcurrir la vida con un entusiasmo juvenil que siempre conservó , incluso durante los periodos de dificultades y de las múltiples trabas que las instituciones siempre pusieron a su acción. Ettore comprendía que su sus arduas luchas, a menudo dolorosas, formaban parte de su lucha educativa, política y cultural. Rechazaba toda violencia, pero podía desplegar una tenacidad y una intransigencia temible para resistir el menor condicionamiento de su libertad de pensamiento y de acción.

Ettore hacía siempre muchas preguntas a todo el mundo. Tenía una manera muy personal de escuchar y también de responder ( a menudo con otra pregunta lo que ocasionaba interesantes discusiones entre nosotros ). Para el que recibía la pregunta, el hecho mismo de responder, o intentar hacerlo, significaba también descubrir que lo que él mismo decía era digno de ser escuchado, reconocido.

Ettore era consciente del lugar que el ocupaba en el campo de la educación que había contribuido a ampliar y a enriquecer, pero estaba siempre a dispuesto a compartir su lugar y su tiempo tiempo de discurso para ofrecer una tribuna a aquellos que, por razones políticas o culturales, habitualmente no podían hacerlo. Creo que se consideraba como uno de esos hombres que atravesaban con sus caravanas el desierto como vendedores ambulantes , con sus preciosas mercancías, las noticias sobre la situación de países lejanos y, que con ello, creaban lazos entre realidades geográficas y humanas lejanas entre sí y de esta manera unidas por el sentimiento de pertenecer a un mismo mundo, el de los habitantes de la Tierra. Por todo ello Ettore se definía como milanés, terrestre y gitano. El tema de la identidad, de los lazos profundos que unen a un individuo a todos sus semejantes es uno de los temas que lo han ocupado y preocupado hasta los últimos instantes de su vida. No es una casualidad que su último texto hable de los Cuatro Elementos, de los cuatro principios fundamentales de la vida de los que hablaba Empedocles, uno de los sofistas griegos que siempre lo habían fascinado.

Con el paso del tiempo, Ettore estaba preocupado por la urgencia de establecer una nueva alianza entre los países pobres y países ricos, una alianza basada en otra manera de concebir el trabajo y la economía, es decir una manera respetuosa de las identidades culturales, le las raíces identitarias: ¿ no hablaba de un producto interior bruto de la creatividad y del bienestar? . Pero antes que ésto era necesario asegurar el derecho al agua, a los alimentos, a la salud, a la dignidad, a la justicia, a la paz.

Ettore fue un utopista concreto. un hombre siempre consciente de su misión y que amaba la vida en todas sus dimensiones. Consideraba la amistas, el intercambio, como la manifestación de un ideal político practicado en lo cotidiano. Un gesto, una acción, una conversación tenían en sus ojos a veces más impacto que un importante debate académico No le gustaba explicitar las implicaciones culturales de su discurso ( que eran numerosas), pues deseaba que cada uno las comprendiera a su nivel, a través de experiencias y conocimientos que le fueran familiares y que cada uno inventara su propia manera de vivirlos y de desarrollarlos. Inconformista, irónico hacia las formalidades de todo género, despiadado con las charlatanerías inútiles de los encuentros internacionales.

Ettore era un esgrima y un nadador de fondo, dos deportes que implican dos actitudes mentales opuestas y que él practicaba con idéntico placer, quizás porque reflejaban dos aspectos profundos ( y a la vez contradictorios ) de su personalidad. El esgrima es ágil, está siempre metido en el juego del equilibrio y del desequilibrio de cara al adversario, en su capacidad de encontrar un fallo para asestar su golpe; siempre desde su protección debe alternar la provocación, el ataque y la réplica estratégica. El nadador de fondo debe tener fuerza, tenacidad, resistencia, constancia para alcanzar la meta antes que nada mental sobrepasar sus propios límites, explorar el mar. Por esto las cenizas de Ettore fueron derramadas sobre el mar italiana, el las Cinco Tierras, donde tantas veces habíamos nadados juntos, haciendo el periplo de los golfos, conversando espontáneamente brazo partido sobre lo que se nos ocurría "sin orden preestablecido, discutiendo, y a la vez peleándonos sobre el destino que pretendíamos alcanzar.. Ettore apuntaba la trayectoria más corta para alcanzar el extremo que habíamos elegido, sin preocuparse si era necesario para ello atravesar un puerto o un lugar infestado de barcos de motor. Yo, al contrario, odiaba estos temibles tiburones mecánicos, yo proponía seguir un recorrido más largo pero más seguro. Ettore se burlaba de mis miedos ( esto me irritaba tremendamente y acabábamos discutiendo en el agua) pues para él se trataba, también allí, de defender la libertad. "Si todos se comportaran como tu, aceptando la ley del más fuerte, dictada por gentes arrogantes, pronto nos veríamos reducidos a nadar en peceras, como los peces rojos". Y continuaba intrépido, resistiéndose a entenderlo cuando yo que le respondía: " Si nos cortan a trozos no quedará nadie para defender la libertad de los nadadores" Yo acababa por seguirlo, pues estaba segura de que, para protegerme, prestaría atención a esto también.

Ahora Ettore no está allí pero yo no tengo la impresión de nadar sola.

Ettore había creado de amigos unidos por el intercambio de ideas sobre la educación, la política, la economía y la cultura, pero también de una cierta forma de entender la vida. Me gustaría que esta red continuara, que todos los que ha compartido y comprendido sus ideas las continúen desarrollando en el terreno de lo mental - y también en el de lo concreto - de una asociación que se llama Meccano intrternacional en homenaje al título de uno de sus libros. Este título expresa la idea y la función de esta asociación: personas provenientes de lugares y horizontes diferentes que unen sus fuerzas, sus competencias, sus pasiones para construir máquinas que funcionen de otra manera, para transformar la vida cultural y política de los lugares en los que se encuentran . No se trata de hablar o de actuar en nombre de Ettore , sino de continuar dialogando con sus ideas, para suscitar acciones, momentos de creatividad, de belleza, de poesía; en resumen de para suscitar el deseo de vivir una utopía en lo cotidiano como él hubiera dicho.