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Igualdad y libertad en la educación.
Diciembre 2003

Igualdad y libertad en educación.

Jorge Larrosa
Walter O. Kohan
Pep Aaparicio Guadas


El lenguaje que conecta educación y política se nos ha hecho casi impronunciable. No es que no haya palabras, sino que poco tienen que ver con nosotros. Julio Cortázar, por ejemplo, lo decía así: "Digo: libertad, digo: democracia, y de pronto siento que he dicho esas palabras sin haberme planteado una vez más su sentido más hondo, su mensaje más agudo, y siento también que muchos de los que las escuchan las están recibiendo a su vez como algo que amenaza convertirse en un estereotipo, en un cliché sobre el cual todo el mundo está de acuerdo porque esa es la naturaleza misma del cliché y del estereotipo: anteponer un lugar común a una vivencia, una convención a una reflexión, una piedra opaca a un pájaro vivo". Las palabras-cliché, dice Cortázar, son palabras gastadas por el uso, romas, sin filo; palabras que se pronuncian y se escuchan casi automáticamente, superficialmente, sin encarnación singular en el cuerpo ni en el alma; palabras muertas, solidificadas y opacas que ya no son capaces de captar ni de expresar vida; palabras comunes y homogéneas que ya no pueden incorporar un sentido plural. Por eso, quizá, nos pasa lo que a Peter Handke: "... quería escribir de manera política y las palabras me faltaban. Había palabras, claro, pero no tenían que ver conmigo".

Este número de la revista no obedece a claves disciplinarias o temáticas. Tampoco está clara su ubicación teórica en alguna "corriente del pensamiento". Y, desde luego, no estamos interesados en discutir cuestiones ligadas a su "aplicación práctica". Este número trata de algunas palabras, de los rastros y de las resonancias de algunas palabras, de la fuerza vital de algunas palabras. Esta revista trata de las palabras "libertad" e "igualdad" en tanto que esas palabras dicen, de cierta manera, lo pedagógico y lo político. Este número de la revista intenta resistir a la banalización y a la instrumentalización interesada de esas palabras, volver a significarlas, hacerlas más hondas, más afiladas, más vivas, menos inofensivas, menos asimilables, más difíciles de pronunciar. Este número pretende pensar la libertad y la igualdad y, desde ahí, proponer un debate intempestivo sobre el modo como conectamos la educación y la política.

Y el pre-texto para eso es un libro. Este año se presentó a los lectores hispanohablantes: El maestro ignorante, de Jacques Rancière, i un libro que da a leer en claves del presente a un excéntrico y poco conocido pedagogo francés de la época de la Revolución: Joseph Jacotot. Y lo que nosotros presentamos aquí, en esta revista, no es nada más que una serie de lecturas que, desde distintas perspectivas, varios pedagogos han hecho de ese libro. Por una parte, esta revista es un homenaje a ese libro. Por otra parte, es un conjunto de pensamientos apasionados sobre algunos de sus temas. Pero, fundamentalmente, es el lugar en el que una serie de personas tratan de pensar la relación entre educación y política en lo que respecta a la igualdad y a la libertad.

Ciertamente, Jacotot no será una tabla de salvación para los problemas "crónicos" de nuestros sistemas educacionales. No ofrecerá un método para estructurar ningún programa eficaz de formación del profesorado. No permitirá formar cuadros ni ejércitos de instructores. Siquiera podrá formar un solo instructor. Seguramente será de poca utilidad pragmática. Más aún, no podrá servir demasiado a nadie que quiera hacer algo con otro, con los otros, con cualquiera que no sea consigo mismo. En cambio, si educar tiene algo que ver con pensar con otros y pensarnos a nosotros mismos, quién sabe... Precisamente sobre la relación con uno mismo: "lo que hace al interés principal de la vida y del trabajo es que te permiten devenir alguien diferente, Foucault pensaba que no es necesario saber con exactitud quien se es. Y agregaba del que eras en el inicio."


Tal vez encontremos sentido en parar para pensar en este interés principal de la vida y del trabajo... devenir alguien diferente. Quizás merezca la pena percibir un Jacotot que nos ayude a encontrarnos con la ausencia de nuestro pensamiento. Un Jacotot que nos ayude a pensar que de tanto quedarnos sin palabras, de tanto casi no poder hablar, de tanto vacío en nuestras palabras, de tan analfabetos que estamos de libertad, de igualdad y de pensamiento, nos hemos quedado sin poder ser de otro modo. Y, en ese vacío que estamos siendo, quien sabe, podremos volver a hablar el lenguaje de otra educación y otra política.


Quizás, solo quizás, el pro-texto sea un actuar para ir con-formando el por-venir, recuperar los múltiples filos de la lengua y de las palabras vividas, esas reflexiones que nos sitúan del lado de las experiencias vivientes y, al mismo tiempo, nos lanzan tras las huellas de las acciones constituyentes y emancipadoras - "La conciencia de la emancipación es, en primer lugar, el inventario de las competencias intelectuales del ignorante.", escribe Rancière-, sobrepasando esa soledad sonora que aísla al hombre; unas acciones que llevan en sí mismas una resignificación de una educación y una política otras que construimos cada día, que construyen cada día la libertad y la igualdad, ex novo, y su capacidad de invención -pronuncia, anuncia, denuncia,...- y que instituyen nuevas conexiones entre lo pedagógico y lo político, singularmente y/o colectivamente, anulando el proceso de neutralización perenne -atontamiento, falsa emancipación comunicativa, reducción a una falaz sabiduría,...- que el continuo vaciado de contenidos y prácticas, la estrecha mecánica identificadora, la triste poda, sistemática y azarosa, de las palabras y de los acontecimientos y el tenaz control-gestión pedagógico y político tratan de perpetuar.

Gadamer decía que llevarse una palabra a la boca no es utilizar una herramienta, sino "situarse en una dirección de pensamiento que viene de lejos y nos desborda". Pronunciar una palabra es situarse en los rastros que trae y en los caminos que abre. En la intersección entre educación y política, las palabras "igualdad" y "libertad" vienen de lejos. Están tan trivializadas entre nosotros que, cuando se las dice, casi todos están de acuerdo. ¿Será que podemos seguir llevándonoslas a la boca? ¿Será que seremos capaces de lanzarlas hacia el porvenir? ¿Y de situarnos con ellas en una dirección en la que aún puedan ser el lugar del desacuerdo? ¿Será que podremos arrancarlas del cliché? ¿Será que nos permitirán escribir (pensar, educar), de una manera política que tenga que ver con nosotros, con nuestros otros nos?

No pretendemos, por tanto, recuperar el decir las palabras libertad, igualdad, educación, política,... sino, sobre todo, practicarlas y verificarlas en ese conocerse a sí mismo como proceso de volverse sobre sí, de no prestar atención a lo que se dice, en olvidar lo que se es, en ser de otro modo,... de ir por tu camino haciendo aparecer, tu mismo ya, un ser para sí - autónomo y emancipado-: "Pero la igualdad no se da ni se reivindica, se practica, se verifica" y ese es el proyecto-proceso que con Jacotot podemos reiniciar, a través de diferentes navegaciones, y como dice Celan: "En los ríos al norte del futuro/ lanzo la red que Tú/ vacilante lastras/ con -por piedras escritas-/ sombras". Luego como pescadores vacilantes, singulares y colectivos, lanzaremos las redes, lentamente y en el lugar donde nadie pesca, y esperaremos que la tensión y el disenso recupere en las palabras libertad, igualdad, política, educación,... un sentido otro, en los acontecimientos verbales y facticios emergentes que potenciamos, como punto de partida, para "aprender a ser hombres iguales en una sociedad desigual. Esto es lo que quiere decir emanciparse."