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Devenir freiriano, emancipación y educación popular. Homenaje a Paulo Freire.
Junio 2007

Redes de vida, remolinos de esperanza. Navegando en la complejidad.

Pilar Ubilla

 

 

Quizás la opción más profunda, la que da sentido a la existencia, resulta ser la opción entre la adaptación y la esperanza,
entre la competencia y el amor, entre el impulso de muerte y el impulso de vida.

José Luis Rebellato

 

El imperio de una concepción neoliberal, la consiguiente fragmentación en la pluralidad de mundos de vida, el predominio de la razón instrumental, los niveles crecientes de exclusión y las nuevas formas de dominación, conjuntado todo esto con la crisis de alternativas, lleva a sostener que la educación popular hoy en día, debe diseñarse en el marco de construcción de nuevos paradigmas, con un fuerte contenido ético-cultural. Las prácticas de educación popular son en sí mismas, emergentes instituyentes de nuevos paradigmas emancipadores, sin embargo, la mirada que solemos tener las y los educadoras/es sobre las mismas, sobre la realidad y sobre los procesos de transformación, aún está anclada, generalmente, en viejos paradigmas. Las prácticas de educación popular pueden ser entendidas en el marco de construcción de caminos alternativos que aportan en el sentido de la formulación y emergencia de nuevos paradigmas sociales.

Parece necesario una apertura y un reconocimiento de estos procesos emergentes, de la multiplicidad y la diversidad, cuestionando las metanarrativas únicas sin negar la existencia de procesos globales. La historia de la educación popular no aparece como un progreso continuo y acumulativo, sino como una serie de procesos "desracionalizantes", entrañando cada uno de ellos una nueva racionalización. En coherencia con sus propósitos de transformación, deberíamos intentar leerla y pensarla, también desde la dispersión. Desde la perspectiva de la secuencia, de un movimiento en el que se suceden y encadenan datos, conceptos, ideas, dudas, hechos, que retornan y reaparecen en diferentes momentos, re - elaborados, pronunciados con otro tono, protagonizando otra inflexión.

Considerar los principios de trastocamiento, discontinuidad, especificidad y exterioridad; enfrentando las nociones de acontecimiento, serie, regularidad y condición de posibilidad, junto a los tradicionales de creación, unidad, originalidad y significación y con Foucault reconocer una 'pequeña (y quizás odiosa) máquina que permite introducir en la misma raíz del pensamiento, el azar, el discontinuo y la materialidad'. Una maquina que revoluciona la historia y la filosofía atacando el mito del progreso que las unía. Una máquina que rompe la división entre historia de los hechos e historia de las ideas, entre idealismo y positivismo, entre libertad del sujeto trascendental y necesidad del objeto empírico. Una máquina que se enfrenta al principio de inteligibilidad histórica que consiste en despreciar el evento. Una máquina, en fin, que nos permite romper el continuo que la cronología desearía imponer, no siguiendo una secuencia delimitada e inamovible, sino pasando de uno a otro y ensayando distintas articulaciones.

Una teoría no es el conocimiento, permite el conocimiento. Una teoría no es una llegada; es la posibilidad de una partida. Una teoría no es una solución, es la posibilidad de tratar un problema. Dicho de otro modo, una teoría sólo cumple su papel cognitivo, sólo adquiere vida con el pleno empleo de la actividad del sujeto. Y es esta intervención del sujeto, la que le confiere al término de 'método' su papel indispensable.

Tenemos la mala costumbre de pedirle a la metodología una receta y olvidamos la importancia del sujeto reflexivo, autocrítico, autocorrector. La praxis es una aventura que a cada instante corre el riesgo de confusión y simplificación. No olvidemos que el pensamiento es el arte de navegar entre confusión y abstracción, el arte de distinguir sin aislar. La distinción requiere la conexión, que requiere a su vez la distinción. No están jerarquizadas la una a la otra. En este sentido, los procedimientos de la simplificación forman parte del pensamiento complejo tanto como éste segrega los antídotos contra la simplificación. Hay que seleccionar, focalizar en lo real, pero saber que focalizamos y seleccionamos, recortamos lo que nos interesa de una realidad y difuminamos el resto. Lo importante es saber permanentemente que simplificamos por razones prácticas. Debemos ver que, al mismo tiempo que somos producto de una evolución biológica, la noción de evolución biológica es producto de una evolución sociocultural. No podemos ignorar el condicionamiento sociocultural, que hace que una praxis sea también una ideología de la sociedad. Pero hay ideologías e ideologías. La ideología es "teoría" cuando es abierta y acepta ser discutida, o sea, refutada por la prueba de los datos fenoménicos y del razonamiento. La ideología es "doctrina" cuando se cierra sobre sí misma, haciéndose inmune a toda irrupción de lo real fenoménico, del evento no previsto.

Un nuevo paradigma comporta incertidumbres y antagonismos, al reunir términos que se implican mutuamente. Pero el nuevo espíritu consiste en hacer progresar la explicación no eliminando la incertidumbre y la contradicción, sino "reconociéndolas"; es decir, hacer progresar el conocimiento poniendo en evidencia la zona de sombra que comporta todo saber, pues la ignorancia reconocida, se vuelve cualitativamente distinta de la ignorancia ignorante de sí misma.

Durante mucho tiempo, y hoy todavía para muchos espíritus, la ciencia era identificada con la verdad. La ciencia parecía el único lugar de certidumbre, de verdad cierta, en relación al mundo de los mitos, de las ideas filosóficas, de las creencias religiosas, de las opiniones. Es preciso dejar de soñar con una ciencia pura, una ciencia liberada de toda ideología, es decir, una ciencia " verdadera" de una vez por todas; por el contrario, es preciso que haya conflicto de ideas en el interior de la ciencia, y asumir que la ciencia implica ideología. No obstante, la ciencia no es pura y simple ideología, pues, animada por la obsesión de la objetividad, traba una relación permanente con el mundo y acepta la validez de los observadores y experimentadores. Si, en efecto, la ciencia traba un intercambio particular con la realidad del mundo de los fenómenos, su verdad en tanto que ciencia no reside, sin embargo, en sus teorías, sino en las reglas del juego de la verdad y del error.

Estalla el marco de una racionalidad estrecha. Se observa la irrupción del desorden y el azar en la ciencias físicas, la irrupción de aporías o antinomias lógicas en el corazón del conocimiento microfísico y del conocimiento antroposociológico (¿cómo puede ser el hombre su propio objeto, cómo encontrar un punto de vista universal cuando se forma parte de una sociedad particular?), y la irrupción correlativa del problema del sujeto observador y conceptuador en las ciencias físicas y humanas.

La disyunción sujeto/objeto es uno de los aspectos esenciales de un paradigma más general que disyunción/reducción, por el que el pensamiento científico, o bien pone en disyunción realidades inseparables sin poder considerar su vínculo, o bien, las identifica por reducción de la realidad más compleja a la realidad menos compleja. Así, física, biología, antropología, sociología, pedagogía, se han convertido en ciencias en total disyunción, y cuando se ha querido o se quiere asociarlas es por reducción de lo biológico a lo fisico-químico, de lo antropológico a lo biológico. El desafío de una nueva transdisciplinariedad, requiere un paradigma que ciertamente permita distinguir, separar, oponer y por tanto, poner en relativa disyunción estos dominios científicos, pero que pueda hacer que se comuniquen sin operar la reducción. El paradigma simplificador es insuficiente y mutilante. Necesitamos un paradigma de complejidad que oponga y asocie a la vez, que conciba los niveles de emergencia de la realidad sin reducirlos a las unidades elementales y a las leyes generales.

Parte de la paradoja con la que nos encontramos es que si aplicamos la visión científica "clásica" a la sociedad, no vemos más que determinismos. Este tipo de conocimiento excluye toda idea de autonomía en los individuos o en los grupos, excluye la individualidad, excluye la finalidad, excluye al sujeto.

A partir de ese momento aparece aquí el punto más crucial de la nueva noción de autonomía: "un sistema abierto es un sistema que alimenta su autonomía, pero a través de la dependencia con respecto al medio exterior". Esto quiere decir, que contrariamente a la oposición simplificante entre una autonomía sin dependencia y un determinismo de dependencia sin autonomía, deberíamos concebir la noción de autonomía en relación con la idea de dependencia, y esta paradoja fundamental es invisible para todas las visiones disociadoras para las que existe una antimonia absoluta entre dependencia e independencia. Este pensamiento clave de autonomía/dependencia es lo que la realidad nos obliga a concebir. Y por lo demás, cuanto más desarrolle un sistema su complejidad, más podrá desarrollar su autonomía, más dependencias múltiples tendrá. Nosotros mismo construimos nuestra autonomía psicológica, individual, personal, a través de las dependencias que hemos experimentado (la familia, la escuela, las dependencias laborales, políticas, etc.). Toda vida humana autónoma es un tejido de dependencias increíbles. Por supuesto que si aquello de lo que dependemos nos falta, estamos perdidos; esto quiere decir también que el concepto de autonomía es un concepto no sustancial, sino relativo y relacional. No digo que cuanto más dependiente se es, se sea más autónomo. No existe reciprocidad entre estos términos. Digo que no se puede concebir la autonomía sin dependencia.

El paradigma de la complejidad está diseminado por todas partes. Esto se corresponde con la idea de paradigma en construcción. Los paradigmas no están ya elaborados. No se construyen en solitario. Responden a esfuerzos de generaciones enteras. Encuentran momentos propicios en los períodos de crisis. Allí se gestan, a veces en forma sumergida, sin percibir el alcance de lo que sustentan, en cuanto a nuevos marcos teóricos y en cuanto a nuevos valores éticos. A veces se muestran dentro de la contradicción. Son profundamente dialécticos. El análisis sistémico, propuesto por las teorías de la complejidad, resulta sugerente y relevante para los análisis sociales. Sitúa en el centro de la reflexión las categorías de auto-organización y de auto-producción (autopoiesis). La vida es auto-organización; la muerte, por el contrario, es equilibrio, heteronomía, quietud. Nuestra sociedad está llena de instituciones de muerte, en tanto cristalizadoras de procesos de retroalimentación. Los bucles se solidifican y las instituciones se vuelven perennes. Los sujetos pierden su capacidad de autonomía. [ 1]

Los procesos de transformación deberíamos mirarlos a la luz de la dinámica histórica entre lo instituyente y lo instituido. Uno y otro se necesitan mutuamente. Lo instituyente tiene que ver con la creatividad, con ese movimiento que irrumpe y que trasciende ampliamente la búsqueda de similitudes e identificaciones. Lo instituyente se vincula con el papel de la imaginación. En la historia del pensamiento occidental la imaginación ha sido postergada por la racionalidad. Ha sido reprimida. Pero lo instituyente no puede quedar en un proceso en el aire. Se concreta en productos, creaciones, conocimientos, saberes, instituciones. Lo instituido es expresión del proceso instituyente. El problema aparece cuando lo instituido se vuelve absoluto, negando la fuerza de lo instituyente. La institución se presenta con la fuerza de lo natural, normal e indiscutible. Hoy se vive un proceso por el cual el neoliberalismo se nos presenta absolutizando la institución del mercado: “fuera del mercado no hay salvación.” Se trata de un pensamiento único, que en el fondo es un no-pensamiento, en tanto no cree en la existencia de alternativas. Es una actitud profundamente dogmática, que niega la posibilidad de la pregunta, así como la emergencia de voces distintas y discrepantes.

Pero, a la vez, debemos reconocer que muchas transformaciones y revoluciones nacieron desde un instituyente en ebullición, fueron tremendamente creativas y luego, la fuerza de lo viejo gana terreno. Lo instituido comienza a ahogar las voces. Lo nuevo se vuelve una repetición. En realidad, el cambio ha agotado sus potencialidades. La imaginación ha sido reprimida, lo instituyente está activo, pero latente.

Desde hace muchos años, a lo largo de toda América Latina, se desarrollan innumerables prácticas sociales y de educación popular, muchas veces no valoradas suficientemente. Prácticas que encierran una intencionalidad transformadora. No siempre coherentes, no suficientemente sistematizadas, cargadas de logros y de fracasos, a veces no evaluadas. Nacidas de la fuerza del movimiento y de la potencia instituyentes, pero quizás corriendo el riesgo de quedar cristalizadas en lo instituido. Muchas veces pasan desapercibidas, otras veces son desvalorizadas, otras son utilizadas por el propio sistema y otras son limitadas, desconocidas y alejadas de la construcción de un proyecto político alternativo. Prácticas que articulan lo micro y lo macro, la organización y los procesos pedagógicos, las respuestas a necesidades y las culturas, los símbolos, los ritmos. Prácticas cargadas de utopía, pero que a la vez buscan dar respuestas concretas. Constituyen un verdadero laboratorio donde generaciones enteras construyen un proyecto de futuro, que hoy se está convirtiendo, cada vez más, en un proyecto del presente. Su novedad, no siempre manifiesta, por momentos no nos deja vislumbrar que quizás allí se está construyendo lo inédito. Quizás sea verdad que, cuando un nuevo paradigma avanza, quienes están implicados en el mismo, no son conscientes de ello. Prácticas cargadas de los valores de la solidaridad, en un mundo insolidario; de los valores del reconocimiento, en un sistema que ningunea; prácticas cargadas de ética y ética que se alimenta de prácticas colectivas. Prácticas que apuestan al crecimiento en la libertad, pero a la libertad de quien no se siente libre si los demás no lo son.

La sociedad de la exclusión genera una verdadera expansión de las violencias, un nuevo mundo de lucha de todos contra todos. Vivimos en una sociedad del riesgo mundial, como sostienen algunos autores. La globalización sustenta su poder, también, en la escenificación de la amenaza. Una sociedad violenta, competitiva y autoritaria que niega la diversidad, en virtud de que este modelo y cultura hegemónicos se afirman excluyendo

En esta matriz de discurso hegemónico, confluyen varios imaginarios sociales que, si bien pueden presentarse como aparentemente contradictorios, terminan siendo funcionales a la globalización neoliberal. El imaginario de la tecnología transformada en racionalidad única, impone el modelo de la razón instrumental, ahogando los potenciales de una razón práctica emancipatoria. El imaginario social de la posmodernidad, a través de su prédica de la necesidad de una ética débil, termina socavando los potenciales para la construcción de alternativas globales; las utopías son disueltas y la subjetividad es sepultada. La pluralidad de micro-relatos se pierde en la fragmentación. El imaginario posmoderno, más allá de los aportes sugerentes en el campo de la diversidad y del sentido de la incertidumbre, termina en un planteo nihilista y en el sin sentido de un mundo alternativo. El imaginario social de la despolitización que identifica actividad política con decisiones de expertos, rechazando la participación ciudadana. El imaginario social conformado sobre la convicción de que es preciso aceptar el sistema en el que vivimos, pues carecemos de la posibilidad de construir alternativas.

Sin embargo, los espacios que buscan ser alternativos, muchas veces reproducen las relaciones de asimetría, la dominación, la concentración de poder; en una palabra, la lógica del sistema. Es allí donde la ética y una práctica social liberadoras saben que deben comenzar la lucha por el trastrocamiento del modelo, de sus valores dominantes y de sus relaciones centradas en el poder. Es allí donde se debe construir desde ya la democracia, un nuevo poder y nuevos valores éticos. Las alternativas globales requieren su construcción desde todos los espacios de la sociedad civil, no es necesario esperar el cambio estructural, para entonces iniciar el cambio que deseamos realizar. Las partes - en cierto modo- deben anticipar la transformación del todo. [ 2]

Sin ánimo (ni posibilidades) de agotar el tema, existen fragmentaciones en las cuales debemos trabajar desde nuestras prácticas de educación popular porque se presentan como desafíos ineludibles de una propuesta transformadora: la articulación entre lo micro y lo macro, entre los procesos de organización y los de formación, entre la resistencia al modelo y la elaboración y experimentación de propuestas alternativas, entre la práctica y teoría, entre forma y contenido, entre racionalidad y emotividad. N o podemos confundir fragmentación con diversidad. La cultura dominante resalta con tanta fuerza la diversidad hasta el punto de promover la fragmentación y el privatismo. En tal sentido, una cultura de la posmodernidad puede resultar funcional a la lógica dominante de los modelos neoliberales. Sin embargo, la diversidad y la creatividad son dimensiones fundamentales de la gestación de alternativas.

La liberación impulsada por los movimientos populares, sólo puede ser efectiva en tanto apunta a la transformación de la sociedad, por lo que la lucha de cada movimiento tiene un alcance universal, expresa las ansias de liberación de todos los excluidos y oprimidos. En una época donde la globalización se impone con fuerza inaudita desde la hegemonía neoliberal, la construcción de proyectos alternativos debe tener también una dimensión de globalización. Ante la globalización del capital, es preciso globalizar las respuestas, promoviendo una ética de la resistencia, de la interpelación y de la construcción de alternativas de vida desde los movimientos populares; una ética asentada en la vuelta del sujeto viviente, que ha sido reprimido, negado, desplazado, por el actual modelo dominante de sociedad.

A mi entender, los procesos de cambio que se operen desarrollando vínculos más estrechos con la vida cotidiana, la memoria histórica y las tradiciones culturales, adquieren mayor radicalidad y se afianzan con más fuerza que aquellos procesos donde lo político aparece desligado del contexto vital, aún cuando éstos logren ritmos más acelerados. Las luchas contra la explotación y la exclusión, deben coincidir cada vez más con los procesos singulares que transforman las relaciones entre los individuos y las colectividades, tanto en el mundo material como en el simbólico-cultural.

Refundar la esperanza y construir juntos alternativas populares, frente a la crisis de civilización, supone aproximarnos a la percepción de la complejidad de la realidad. Supone un cambio de paradigma. Dicho cambio se opera, tanto en el nivel de nuestra percepción de la realidad, como en los valores que acompañan dicha percepción.

Según Capra, el nuevo paradigma es una visión holística de la vida: un todo integrado, con interdependencia entre los fenómenos, inserto en los procesos de la naturaleza (ecología). La ecología profunda no separa a los humanos del entorno natural; por el contrario, permite aprehenderlos como una red de fenómenos. Ve a los humanos como una "hebra de la trama de la vida", es decir, formando parte de una organización sistémica. La ecología social da un paso más: plantea el reconocimiento del carácter antiecológico de muchas de nuestras estructuras sociales. Estas forman parte de un sistema dominador: patriarcado, imperialismo, capitalismo, racismo. Estructuras de dominación y violencia que son destructivas de los ecosistemas vivientes. [ 3]

 

De la jerarquización a las redes

Un nuevo paradigma supone un cambio, una revolución en nuestra percepción de la realidad. El cambio pueden caracterizarse como pasaje desde la asertividad hacia la integración. Ambas dimensiones forman parte del sistema de los seres vivos. Sin embargo, nuestra cultura occidental ha puesto el acento en la tendencia asertiva. La asertividad se rige en el plano del pensamiento, por medio de un modelo de conocimiento exclusivamente racional, analítico, reduccionista y lineal; en el plano de los valores, se sustenta en la expansión, la competencia, la cantidad y la dominación. Por el contrario, la integración requiere, en el plano epistemológico, de la intuición, la síntesis, la aproximación holística y la no-linealidad; en el nivel de los valores, se asienta en la sustentabilidad, la cooperación, la calidad y la asociación. El nuevo paradigma de la complejidad supone un pasaje de la jerarquización al pensamiento y a la acción en redes: "El cambio de paradigma incluye, por tanto, el cambio de jerarquías a redes, en la organización social." [ 4]

Definimos una red como el conjunto de procesos de producción en la que cada componente actúa transformando a los demás. La red se hace a sí misma, es producida por sus componentes a los cuales también produce. Es un sistema vivo: las redes son patrones de la vida, la vida como auto organización: creación de sí mismo. Todas nuestras acciones tienen un fundamento emocional, condición de posibilidad del desarrollo del dominio racional. Lo propio de lo humano no está en la manipulación sino en la articulación y entrelazamiento entre lo racional y la emoción. No hay acción humana sin una emoción que la funde como tal. La emoción fundadora sin la cual la vida carece de sentido, es el amor. Dice Maturana: “El amor es la emoción que constituye el dominio de acciones que nuestras interacciones recurrentes con otro hacen al otro un legítimo otro en la convivencia. Las interacciones recurrentes en la agresión interfieren y rompen la convivencia (...). Como vivamos, educaremos y conservaremos en el vivir el mundo que vivamos como educandos. Y educaremos a otros con nuestro vivir con ellos el mundo que vivamos en el convivir.” [ 5]

No podemos separar el concepto de red de una visión ecológica de la realidad, visión que debe distinguirse de concepciones ambientalistas meramente conservacionistas. La ecología profunda se basa en el reconocimiento de una serie de cambios profundos en nuestra percepción del papel del ser humano en el ecosistema planetario. Supone un cambio sustancial en el concepto de desarrollo para superar la actual crisis de civilización.

Unida a las categorías anteriores, se propone el concepto de estructuras disipativas, acuñado por Ilya Prigogine. La vida no puede definirse por la tendencia al equilibrio, la tendencia al equilibrio - por el contrario- es sinónimo de muerte. Cuando un sistema vivo ha logrado el equilibrio, muere. La vida se desarrolla en términos de tensión entre estabilidad y transformaciones permanentes

Pensar y actuar en redes requiere invertir la concepción tradicional de la dialéctica. Cuando se habla de dialéctica – inspirados en la tradición hegeliana – se la entiende como un proceso donde la negación de los contrarios permite un momento de superación o síntesis. Desde la perspectiva de la complejidad se introduce un nuevo concepto que es el de bifurcaciónes. Los procesos llegan a puntos cruciales a partir de los cuales se bifurcan. Son procesos que abren más que procesos que cierran y sintetizan. En tal sentido podría hablarse de una dialéctica abierta y no tanto de una síntesis dialéctica.

La educación popular está enraizada en los movimientos sociales antisistémicos, en sus respuestas y resistencias a esta crisis de civilización, en sus propuestas y prácticas, que los convierte en movimientos profundamente éticos, políticos y culturales, protagonistas de cambios. Los movimientos sociales surgen de una complejidad y multiplicidad de redes, de todo tipo, efectivamente no pensadas. De esa complejidad contradictoria, van emergiendo movimientos, que se desplazan en multiplicidad de acciones y que mantienen una cierta estructura común que permite definirlos como tales. Parece acertada la intuición y el análisis de algunas corrientes sociológicas, cuando recurren a la categoría de "redes sumergidas", buscando formular teóricamente el hecho concreto de que los movimientos se van constituyendo según un esquema cognoscitivo complejo: pluralidad de acciones, funcionamiento no jerárquico, una cierta anarquía, confluencias no siempre conscientes. En una palabra, riqueza de la vida, complejidad, incertidumbre, valores contrahegemónicos, pero construidos desde diversidades. Algo que sólo puede captarse desde un socio-análisis de la liberación que desarrolla una metodología de reflexión a partir de analizadores históricos y de analizadores construidos.

El paradigma de la complejidad es también un paradigma de la diversidad y de la multiplicidad. Nos propone pensar y actuar en formas de organizaciones más complejas (redes), que se retroalimentan, que desarrollan vínculos afectivos, que fortalecen las identidades. He aquí un componente que creo fundamental: la construcción de la identidad o, mejor dicho, de identidades plurales. En dichos movimientos cumple un papel muy importante lo emotivo: lazos afectivos, identidades y comunidades. Deben ser redes que permitan dar respuestas alternativas a nuestras necesidades; redes que generen efectos sinérgicos, expandiéndose a través de a lo largo y ancho de la sociedad; redes asociativas que integren y potencien las diferencias y los aportes originales de los sujetos que participan en ellas; redes que, aún partiendo estratégicamente de lo local se proyecten al espacio global; redes que multipliquen la información; redes que permitan el desarrollo de la autoestima y de los potenciales de cada uno; redes que impulsen procesos participativos de investigación, planificación y evaluación; redes que construyan y refuercen poderes sociales; redes que favorezcan el protagonismo.

A veces los movimientos se disipan completamente; la diversidad ahogó la estructura. A veces, los movimientos ahogan la diversidad, pierden contacto con los códigos éticos y culturales que le dieron nacimiento; se cristalizan e institucionalizan. Cuando ello sucede, los movimientos han logrado un equilibrio cercano a una razonabilidad total, disolviendo sus lazos comunitarios. Los movimientos están a punto de morir, pero su muerte alimentará nuevos nacimientos.

Construir un proyecto político sobre un paradigma complejo-emancipativo es una tarea muy ardua, pues requiere superar la ceguera frente a la diversidad y a la complejidad. Requiere de estrategas, como dice Morin; es decir, de educadores y movimientos capaces de elaborar respuestas desde las incertidumbres.

Quizás nunca como ahora, el movimiento de educación popular se ha encontrado ante un desafío tan radical y tan fecundo. Si en otros momentos nos podía entrar la duda de cual era su alcance, en tanto veíamos la educación popular acotada más bien a experiencias micro, hoy esa duda no tiene lugar. En el rico acervo de muchos años de experiencia, la educación popular cuenta con un componente de enorme alcance ético y político. Nos referimos a su postura de permanente enfrentamiento a la dominación, explotación y exclusión, es decir, a su capacidad de batallar en contra de la injusticia y la opresión. A la vez, este elemento se entrelaza con otro también de enorme alcance liberador. La educación popular mantuvo siempre una firme postura antiautoritaria, lo cual le permitió desarrollar una crítica permanente a las alternativas construidas por un socialismo inspirado en el marxismo determinista.

Nos enfrentamos al desafío de construir una democracia integral potenciando una ciudadanía crítica, implementando políticas basadas en la igualdad social, la justicia y en el desarrollo de una cultura que lucha contra todas las formas de dominación y exclusión. No hay democracia auténtica sin la participación efectiva de la ciudadanía, en especial de los sectores populares y de sus organizaciones. Una democracia que impulsa formas de participación, control, gestión y distribución del poder, debe oponerse, tanto al proyecto neoliberal imperante, como a las formas de pretendida democracia política, donde el componente sistémico predomina sobre la iniciativa y ejercicio del poder por los actores sociales. [ 6]

Los procesos emancipativos de distribución y construcción de poder se transforman en posibilidades de procesos de pedagogía del poder. Por constituir el poder una red de estrategias, de tácticas, de multiplicidades de discursos dominantes y saberes sometidos, puede configurar un espacio de aprendizajes y desaprendizajes, de despliegue de lo instituyente y de re-creación de lo instituido. La pedagogía del poder enfrenta una cultura autoritaria, caracterizada por depositar la ciudadanía en los expertos, técnicos y políticos. Se depotencializa la figura del ciudadano, en la medida en que sus funciones son expropiadas por los expertos, quienes toman las decisiones. La cultura autoritaria, que propugna relaciones de dominación/dependencia en todos los niveles de la sociedad, penetra profundamente la vida cotidiana, las relaciones al interno de los movimientos y de los espacios territoriales. Con lo cual, una democracia integral, con fuerte base territorial y en los movimientos sociales, se vuelve escenario privilegiado para el análisis de tales relaciones y para su transformación.

Los procesos de construcción de poder local pueden convertirse en instancias privilegiadas de educación y de desarrollo de poder local popular, articulando las visiones sectoriales con las decisiones globales. Propuesta que implica también radicalización del poder comunicativo, fortalecimiento de espacio público no estatal y articulación entre formas representativas y formas de democracia directa. La novedad del modelo de una democracia radical tiene su sustento en los procesos de recuperación de la inteligencia y el poder de las personas. El ejercicio del poder local debe apuntar a superar políticas sociales compensatorias, enmarcándose en un proyecto global de lucha contra la exclusión social, afectando severamente la distribución de la riqueza y fortaleciendo la participación directa de los actores sociales

La conflictividad en la construcción de la democracia supone cuestionar con firmeza modelos de democracia basados en un liberalismo de la neutralidad; democracias restringidas; democracias donde la gobernabilidad se edifica sobre la base de la injusticia y la exclusión; democracias preocupadas por establecer reglas de juego y reinstaurar institucionalidad política, desconociendo los procesos de exclusión, desempleo, graves deficiencias en la calidad de vida de los sectores populares; democracias de mínimos o democracias mínimas, de carácter procedimental y no sustantivo; democracias donde el supuesto consenso se hace sin la participación de aquellos que están excluidos de la vida política, porque se los ha excluido de la vida sin más.

Una educación popular que impulse una búsqueda, necesariamente rigurosa y creativa, guiada por la convicción de que la cuestión del poder sigue hoy más vigente que nunca, si bien se plantea en términos distintos y novedosos. La apuesta continúa siendo la del fortalecimiento del poder (de decisión, de control, de negociación, de lucha) de los sectores populares, precisamente en una etapa histórica en que los modelos vigentes multiplican las formas y niveles de exclusión, pero desde la lógica de desarrollar poderes diferentes a los dominantes. Creo que es desde esta opción que se deben pensar las políticas sociales.

Respecto a ellas se requiere un importante esfuerzo de-construcción y re-construcción. El empleo del término "políticas sociales" resulta ser tan impreciso que por momentos, no se percibe con claridad la diferencia respecto a la utilización que del mismo hacen los organismos internacionales, tales como el Banco Mundial. Será necesario abrir un debate en torno a la articulación entre políticas sociales y ciudadanía participativa.

Un proyecto de desarrollo que quiera ser antagónico exige también, un conjunto antagónico de indicadores: indicadores de desarrollo sostenible. Algunos investigadores hablan de Indice de Desarrollo Sostenible (SDI) [ 7] . Los nuevos indicadores deberían ser resultado de debates, deliberaciones y foros con alta participación popular.

Se requiere una fidelidad creativa a un proyecto donde los sectores populares, sus organizaciones, sean fuente inspiradora y protagónica. Vivimos tiempos de crisis, de desafíos, de esperanzas. Vivimos tiempos de encrucijadas históricas. Esto requiere de nosotros lucidez, entrega a una tarea liberadora, adhesión a la utopía mediatizada en proyectos efectivos. Requiere resistencia y propuesta, radicalidad y sentido del límite. Requiere adhesión a un proyecto de autonomía que encuentra en la construcción del desarrollo local y sostenible, basado en los poderes de los sectores populares, una tarea de importancia insustituible, pero que busca proyección a nivel continental y mundial. Requiere construir una globalización de signo contrario a la globalización neoliberal. Una globalización de la solidaridad. Una verdadera internacional de la esperanza. Un mundo donde quepan todos los mundos. No es una etapa, es más bien un proyecto.

Quiero destacar la dimensión estética de la vida y de la política. Muchas veces hemos pensado la política sobre la base de un modelo racionalista y occidental. Hoy queremos una política que suponga también el gozo, el placer y la gratificación. También la política puede ser una actividad lúdica y constituir una experiencia estética. Se trata de gozar en la construcción de la sociedad nueva, lo que no significa que esta construcción no vaya a requerir esfuerzo, sacrificio y entrega. Sin poner entusiasmo, creatividad, autoestima, no es posible pensar en una sociedad nueva establecida sobre la base de nuevas relaciones. Si en una época se fue muy consciente del valor de la razón, hoy en día nos asomamos al valor del placer, sin renunciar a la racionalidad. Se trata de apostar a una visión integral de la vida y de la sociedad.

 

Notas

     [1 ] Humberto Maturana-Francisco Varela, De Máquinas y Seres Vivos. Autopoiesis: la organización de lo vivo , Santiago de Chile, 1995.

     [2] Edgar Morin, Introduction à la pensée complexe , Paris, ESF Ed., 1990 (trad.en español , Introducción al pensamiento complejo , Barcelona, Ed.Gedisa,1994).

  [3] Fritjof Capra, La trama de la vida. Una nueva perspectiva de los sistemas vivos , Barcelona, Ed.Anagrama, 1998. Fritjof Capra/David Steindl-Rast, Pertenecer al Universo. La nueva ciencia al encuentro de la sabiduría , Buenos Aires, Ed.Planeta, 1993.

  [4] Capra, 1998: 32.

[5] Humberto Maturana – Francisco Varela, De máquinas y seres vivos. Autopoiesis: la organización de lo vivo , Santiago de Chile, Ed. Universitaria, 1995. Humberto Maturana, Emociones y lenguaje en educación y política , Santiago de Chile, Hachette – Comunicación, 1992.

  [6] Pedro Vuskovik, Las proyecciones de la crisis y las estrategias de desarrollo en América Latina , en América Latina: crítica del neoliberalismo , México, Cepna, 1992, cit.en Ana María Ezcurra, 1997:23.

[7] Se proponen como indicadores: inversión en recursos humanos, productividad (pagada y no pagada), acceso a trabajo remunerado dignamente, cooperativización, diversidad genética, diversidad cultural, reciclado de recursos naturales, eficiencia energética, poder de compra, uso eficiente de recursos renovables, uso adecuado del territorio, calidad de vida (vivienda, salud, cultura, seguridad), participación ciudadana, equidad en el ingreso, tiempo para los demás y para uno mismo, desarrollo de potencialidades, fortalecimiento de comunidades abiertas, creatividad y autoestima, acceso a bienes teniendo en cuenta la diversidad de capacidades, espacios, tiempos y posibilidades de expansión, etc.