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53&54
Alfabetizaciones, educación popular y cooperación.
Marzo 2008

Las alfabetizaciones en la situación mundial actual.

Sebas Parra

 

 

El titulo sugerido por DIÁLOGOS que abre estas líneas es inexacto, pues no se corresponde ni de lejos con su contenido, y es inexacto por pretencioso puesto que para quien escribe es totalmente imposible abarcar el estado actual de la alfabetización de las personas adultas en sus distintas formas y en toda la extensión de nuestro mundo, o, mejor, de nuestros mundos . Lo que acabo de decir es de una lógica tan aplastante que no creo que haya que darle más vueltas. ¿Y porqué continúo entonces escribiendo? Supongo que por algunas de las razones que lo hacen otras muchas personas relegando la gran mayoría de los artículos pedagógicos, supuestamente científicos, a un subgénero literario apto para casi todos los públicos sin otra utilidad que la que no se sabe bien quién pueda atribuirles. Razones, por otra parte, que no creo que interesen a nadie en mi caso.

 

Sobre las alfabetizaciones: primeras palabras, sin acritud, con todo cariño

Reconozco que en este tema soy bastante antiguo, antiguo en la acepción “de hace mucho tiempo”. Digo esto porque hace unos meses asistí a un encuentro en una capital andaluza donde comprobé con gran rabia y dolor de mi corazón que reivindicar el valor, la urgencia, la necesidad y la justicia de erradicar el analfabetismo es de antiguos, incluso que simplemente enseñar a leer y a escribir a una persona (pues todo el mundo sabe que alfabetizar es otra cosa) se considera como algo obsoleto. Parece que en los tiempos tan modernos que corren, de gustos o usos avanzados, los grandes valores a defender en el ámbito de la educación de las personas pobres, oprimidas, son otros y se confunden con ampulosos y retóricos conceptos que poco o nada tienen que ver con nuestro tema, y que finalmente lo ocultan y lo borran del mapa de las luchas y los sueños de las educadoras y educadores competentes.

Y así, menospreciando el valor de la alfabetización, hablan de la oralidad como sistema único y verdadero, de la libertad integral de la persona y su comunión con la tierra y la naturaleza toda que nos dará la autonomía plena y la felicidad al margen de cualquier influencia, de la identidad o las identidades que sumadas, paradojicamente, a la moda y a los rituales hacen per se a las personas cultas y sabias, del valor del arte, especialmente o únicamente el arte de las instalaciones y de la performance siempre tan cargados de creatividad y de conciencia crítica, de la tierra prometida para salir de lo que llaman regazo educativo que nos traerán las llamadas nuevas tecnologías o de la información y de la verdad comunicativa de la expresión en general y de la expresión de los cuerpos en particular y de la música y los silencios y de las imágenes y los relatos y de la risa y los cuentos… si, siempre vamos a parar a los cuentos, a los mismos cuentos de siempre como si algunos poemas de León Felipe no se hubieran escrito nunca.

Y, claro, ya puede usted imaginar la opinión de estos nuevos educadores sobre la herencia política y pedagógica de un tal Paulo Freire… se le cita para no hacer más el ridículo, se llega incluso a inventar alguna frase que nos conviene y que se atribuye a su Pedagogía del oprimido, incluso se le sitúa en los altares que él siempre combatió o se hace ver que fue tan cercano a nosotros como aquel amigo de toda la vida que adoramos, pero enseguida se dice de él, tal cual o veladamente, que es el antiguo por excelencia, que su reino es de otro tiempo y de otro mundo, que su discurso ya no tiene ninguna pero que ninguna utilidad, que su obra está tan muerta como él .

Estos expertos educadores representan hoy una parcela ideológica ciertamente significativa por lo que conozco en el panorama pedagógico del ámbito de la alfabetización. Y que, como no podía ser de otra manera, son muy bien tratados por los poderes económicos y políticos que orientan las políticas públicas, y las otras, en materia de alfabetización y educación. Casi tan bien tratados como los integrantes de otra parcela ideológica no menos funesta para la Alfabetización y la Educación Popular: la de los doctos profesores y profesoras, a veces como algunos casos que conozco, jóvenes en edad y experiencia y escasos en buenas prácticas, que desde otro punto cardinal de la indecencia pontifican de mil maneras diferentes sobre el sexo de la educación y de los ángeles educadores de los pobres. A todos ellos los pasean por confortables hoteles, los sientan a la mesa de reputados restaurantes, les pagan sus caprichos, congresos, seminarios y reuniones varias y los viajes para hacerse omnipresentes, les publican las repeticiones y copias casi clónicas de lo que escriben y les ríen sus gracias sobre la alfabetización y la educación de los pueblos. A cambio les piden pocas cosas: discreción y fidelidad. Y algunas innovaciones para que todo siga igual.

Voy a dejarlo así, para que nadie confunda alguna vieja simpatía mía por la Galicia caníbal de Antón Reixa y sus Os resentidos con la permanencia de un enojo visceral o disgusto especial contra algo o alguien en el terreno pedagógico, que aseguro solemnemente que no es el caso, y vuelvo al principio…

Parece que soy antiguo por que reivindico y reivindicaré el derecho de todas las personas a la alfabetización y a la educación a lo largo y ancho de sus vidas porque me parece una ignominia, una canallada enorme, una gran injusticia que en la llamada por algunos sociedad de la información o del conocimiento y por otros del espectáculo o del entretenimiento, que tanto monta, se mantengan año tras año varios cientos de millones de personas sin acceso a algo tan elemental y conocido desde hace tantísimos años como es el código que permite saber leer y escribir; parece que soy antiguo porque sueño con la utopía de erradicar definitivamente el analfabetismo haciendo de la alfabetización el motor del desarrollo humano, base esencial de todos los otros ámbitos del desarrollo, de las personas y los pueblos, el instrumento para leer y transformar el entorno económico, cultural y político de cada quién al tiempo que se garantiza la universalidad de la educación fundamental de toda la infancia, de toda, sin ningún tipo de exclusión, y un dispositivo de educación y formación de personas adultas que en lugar de distraer y ocultar, desoculte la realidad, libere las mentes y las conciencias, eduque la esperanza, promueva la creación colectiva de solidaridad y conocimiento y movilice y organice a la gente trabajadora para decir basta definitivamente; parece que soy antiguo porque aunque he tenido la fortuna de recibir un salario suficiente por mi trabajo de maestro puedo decir sin reservas de ningún tipo que no he vivido de la pedagogía sino que más bien he vivido para la pedagogía.

Parece que soy antiguo también porque a veces pienso, con E. Galeano, que nos han robado hasta las palabras y no me expreso con la necesaria corrección política y no digo, por ejemplo, cosas como las que acabo de leer en una costosísima revista editada en algún lugar de las Américas (situado en las antípodas del ALBA para entendernos) que reúne la flor y nata de los expertos iberoamericanos en el tema, cosas tan refinadas y pulcras como usuarias del sistema de escritura, regazo educativo, jóvenes en situación de alarma educativa, colectivos tradicionales de adultos no alfabetizados, personas que nunca fueron captadas por el sistema educativo o tuvieron que desertar del mismo, generación de incentivos para que las personas se decidan a leer y escribir, situación de alarma educativa, asimetrías sociales o educativas o multiplicidad de realidades económicas y sociales que coexisten de manera no lineal entre los dos extremos del desarrollo para hablar del analfabetismo y la pobreza, dos caras de la poliédrica moneda capitalista. Porque no digo economía de mercado para hablar del capitalismo, globalización para hablar del imperialismo, pragmatismo si quiero decir oportunismo y contaminación de los derechos individuales como uno de los efectos colaterales de la lucha contra el terrorismo y en defensa de las libertades cuando pienso en Guantánamo o no deletreo de manera idiota a un trabajador gambiano de cuarenta años ma-me-mi-mo-mu, mi mama me ama, mi mama me mima, ilustraciones incluidas, para enseñarle a leer y a escribir, por poner algunos ejemplos.

Pasemos página. Ahora que ya me presenté, agoté mi cupo de metáforas y palabrería diversa y di a lo escrito algo de carácter literario-pedagógico, o pseudo literario y pseudo pedagógico para los entendidos, compartiré algunas de mis ideas antiguas con usted si es que continúa la lectura…

 

Alfabetización: divorcio declaraciones oficiales-realidad o podemos pero no nos dejan

Una consulta mínimamente sistemática sobre la documentación producida sobre el tema creo que reconoce el avance de la consideración de la alfabetización como:

Una necesidad básica de aprendizaje de toda persona humana

El motor del desarrollo humano, económico, social y político de las comunidades y los pueblos y, por consiguiente, una herramienta eficaz para provocar, facilitar, acelerar y consolidar cambios en el individuo, la familia y la comunidad

Un proceso dinámico que abre las puertas de la educación a lo largo y ancho de la vida

Paralelamente, se constata que, por una parte, surgen nuevos métodos, materiales y recursos didácticos para la alfabetización; se multiplican los estudios, investigaciones, congresos y encuentros especializados sobre la materia y son innumerables las declaraciones, planes, programas, organismos y otros dispositivos para combatir el analfabetismo. En este sentido, el año que nos acaba de dejar creo que se ha llevado la palma en nuestra querida América. En efecto, el año 2007, por citar sólo los más relevantes señalamientos, formaba parte de la Década de la Alfabetización de la UNESCO, 2003-2013 así como de los esfuerzos y compromisos internacionales en materia de alfabetización (aumentar de aquí al año 2015 los niveles de alfabetización de los adultos en un 50%, apartado 7 iv de los objetivos) derivados del Foro Mundial sobre la Educación, Dakar, Senegal, abril de 2000. Pero también es el primero del Plan Iberoamericano de Alfabetización y Educación Básica de Jóvenes y Adultos 2007-2015, acordado por la Cumbre Iberoamericana de Jefes de estado y de gobierno celebrada en Montevideo, Uruguay, los días 3, 4 y 5 de noviembre de 2006. Cumbre que, por si no tenía ya suficientes razones, le declaró además Año Iberoamericano de la Alfabetización.

Pero, por otro lado, a pesar del reconocimiento del valor y de la necesidad de la alfabetización y de contar con más instrumentos y recursos para alfabetizar que nunca, son pocos los avances en materia de erradicación o disminución significativa del analfabetismo: las cifras oficiales muestran que a lo largo de las últimas décadas (que no hace falta recordar que se caracterizan por extraordinarios cambios en cantidad, calidad y velocidad), las cifras de personas analfabetas permanecen invariables entre los 850 y 950 millones de personas aproximadamente. Eso quiere decir, con perdón por la simplificación, que los esfuerzos, pocos, muy pocos y bastante estériles, en materia de alfabetización son compensados con la manufactura de nuevos jóvenes analfabetos. Niños y niñas pobres a los que se les negó el acceso a la escuela primaria. O que el sistema educativo, pensado sin pensar en ellos, les expulsó de las mil maneras diferentes con que se expulsa a los hijos e hijas de los oprimidos, de los pobres, de los excluidos... (Aprovecho para insistir en una obviedad: no es que estos niños y niñas desertan sino que, repito, es el sistema quién los expulsa… la infancia de las comunidades indígenas de Guatemala o las niñas y los niños de las poblaciones rurales de Nicaragua, Honduras, Guatemala y El Salvador, por poner algunos ejemplos conocidos, con alrededor de tres años de promedio de escolaridad, ¿desertan o son expulsados?)

No hace falta, pues, ser ningún experto para entender que mientras no se cierre la fábrica de personas analfabetas definitivamente universalizando el acceso a la educación fundamental en una escuela pública, gratuita y de calidad y se mantenga un dispositivo para la educación continuada de las personas adultas que satisfaga sus intereses individuales y colectivos, sociales, hablar de la erradicación del analfabetismo es un cuento más para ayudarnos a coger el sueño y poder dormir plácidamente. Pero como el sistema capitalista no cerrará ni esta ni ninguna otra fábrica que le dé pingüe beneficio, sólo fuera de ese sistema será posible hablar verdaderamente de erradicación del analfabetismo: y eso es, quiérase o no, hablar de Revolución…

onstatamos aquí, por tanto, un divorcio cínico e interesado, y bien remunerado para los agentes encargados de provocarlo y alimentarlo, entre el discurso oficial de que “estamos en ello” y “ahora va en serio” y la tozuda realidad que mantiene impávidas las tasas de analfabetismo. Y entre congresos y décadas dedicadas a la alfabetización y declaraciones y objetivos del milenio y los etcéteras que vendrán después vamos viendo pasar el tiempo… (Un ejemplo bien actual: decíamos antes que la Cumbre celebrada en Montevideo declaró el año 2007 como Año Iberoamericano de la Alfabetización… ahora esperamos con ansiedad que además del dinero público gastado en reuniones, publicaciones y paseos de los expertos, entre otros rubros de no menor utilidad, se nos diga cuántas de los 35 millones de personas analfabetas -hay quién eleva la cifra a 45 o 45'5- han aprendido a leer y a escribir en este año donde las hicieron protagonistas. Tal vez no lo sabremos nunca, pues ¿a quién le interesa saber hoy el dato?...). Decíamos que así, en la más absoluta inacción, vamos viendo pasar el tiempo. Sin hacernos preguntas públicas, sin provocarlas, sin dejar con el culo al aire a tantos de esos expertos… Preguntas como por ejemplo estas: ¿Quiénes son y qué hacen para erradicar el analfabetismo los grandes nombres de la Pedagogía actual? ¿Por qué sigue presente el analfabetismo de una manera tan persistente? Si el analfabetismo es causa y consecuencia de la pobreza ¿es posible erradicar el analfabetismo sin eliminar la pobreza? Y ¿es posible eliminar la pobreza sin eliminar la riqueza? Y ¿es posible la cuadratura del círculo? Después de tantas investigaciones, estudios, encuentros científicos, publicaciones, etc. ya deberíamos saberlo. Que nos lo expliquen, por favor que nos lo expliquen…

 

Alfabetización: metodologías arcaicas, obsoletas e ineficaces o los mismos perros con distintos collares

“… Muchos que han estudiado piensan que el método es lo más importante para la erradicación del analfabetismo, pero no, lo principal es saber enamorar. Porque podemos tener el mejor método del mundo, pero si no sabemos enamorar a los campesinos para que vengan a los colectivos a aprender, no se puede hacer nada. Para poder erradicar el analfabetismo hay que vivir ligado al pueblo, sentir con el pueblo, ir a tapiscar maíz con los campesinos, hablar su lenguaje. Cada una de estas cosas y todas ellas, son saber enamorar…” Quién me conoce sabe bien que comparto la mayoría de las metáforas de la Pedagogía del Amor del Maestro Pineda, educador nicaragüense del que tantas enseñanzas y ejemplo hemos recibido. Y que estoy de acuerdo con él en que “para alfabetizar primero está la conciencia y después el método”. Pero eso no quiere decir que no aprecie el valor de un buen método y sus estrategias (las mañas, en Nicaragua) para alfabetizar. Y en la línea del divorcio discursos-realidad que apuntaba antes, es curioso observar cómo al repasar la historia comprobamos que en miles de años se han producido tan pocas innovaciones en las metodologías utilizadas para alfabetizar a las personas adultas.

En efecto, con infinitas variantes y autorías, la mayoría de métodos utilizados hasta Freire son los llamados sintéticos y, entre estos, los alfabéticos: memorizar las letras del alfabeto para combinarlas formando sílabas y posteriormente palabras generalmente poco o nada significativas, y aún menos, desafiantes. Por mi experiencia, la a de ala, la i de iglesia, la u de uva, o el pingüino para aprender el uso de la diéresis con esta güi que a mi me llegó a provocar tantos problemas cuando aprendí a leer y a escribir hace más de medio siglo (el pingüino no es un animal muy común en las llanuras manchegas) y lo que representan ideológicamente, continúan bien frescas y vigentes en bastantes cartillas de alfabetización de personas adultas actuales. Con el método psicosocial de Freire y los que surgen inspirados en él se inaugura una etapa de predominio de los métodos llamados analíticos donde generalmente a partir de una palabra, frecuentemente significativa y, a veces desafiante, y más excepcionalmente de una frase de la que se suele considerar una palabra, se estudian los grupos silábicos y unidades mínimas del alfabeto. Pero cuidado, en muchas de sus aplicaciones prácticas se hacen cambios para que todo siga igual pues la mayoría de métodos inspirados en Freire olvidan un pequeño detalle: la concientización que deberían lograr, sobre todo, la descodificación y la praxis… el diálogo democrático y la acción, la práctica transformadora, la lucha… Ya Marx nos enseñó que la conciencia política ha de facilitar la lucha (y la lucha también educa, leíamos en una pancarta exhibida en el primer Foro Social Mundial de Porto Alegre) y que finalmente ha de encarnarse en organización para consolidarse… Tal vez sea la movilización y la organización popular aquello que no interese mucho de las propuestas metodológicas de Freire a estos falsos discípulos suyos.

Y como cuando yo estudiaba que aprendí que los primeros pobladores de España fueron los íberos a quienes siguieron los celtas y que la unión de unos y otros dio origen, como no podía ser de otra manera, a los celtíberos, pues la unión de los métodos analíticos y sintéticos a dado lugar, como el hecho más natural del mundo, a los modernos métodos (¿a ver si lo adivina?) analítico-sintéticos .

Y mientras tanto las nuevas tecnologías, y las viejas también, cambiaban la vida cotidiana, las relaciones entre las personas y las sociedades, el modo de producir, distribuir y acumular la riqueza, la cultura, las comunicaciones… pero los maestros y maestras de todo el mundo continuábamos y continuamos enseñando a leer y a escribir esencialmente como nuestros ancestros. Los avances científicos y tecnológicos se habían aplicado a todos los ámbitos del conocimiento sobre la naturaleza y la sociedad pero no a la alfabetización .

Con ello queremos decir que la inercia, la rutina y una extraordinaria carencia de eficacia han venido siendo un denominador común en el ámbito metodológico en materia de alfabetización.

Es por eso que creo que más allá de su eficacia, aunque me parece que hoy es el método más rápido y económico para la enseñanza de la lecto-escritura, el Yo, sí puedo, ideado por la cubana Leonela Relys mientras trabajaba una noche en Haití iluminada por la luz tenue de un candil de keroseno y difundida al mundo por el Instituto Pedagógico Latinoamericano y Caribeño (IPLAC), ha tenido el merito de aportar la principal innovación en los últimos 40 años. Innovación que para mi no reside única o especialmente en ir de lo conocido a lo desconocido como se dice al explicar la relación número-letra que origina una regla nemotécnica que acelera extraordinariamente la memorización de las unidades del alfabeto. Tampoco creo que lo sea por razón de la real magnitud política de la tarea que se propone el Yo, sí puedo, “... que no es solo alfabetizar, nos dice la misma autora, sino vindicar a los excluidos de la tierra, lograr un movimiento social que los una como seres humanos, transformar el mundo...” Sin negar su importancia, creo que la verdadera innovación es que además de ser un método audiovisual ha tenido el gran acierto de adoptar un formato de serie televisiva, de telenovela o de culebrón como quieran llamarle y, aunque con una orientación formal e ideológicamente políticamente correcta, demasiado correcta seguramente como para no perder la necesaria naturalidad y eficacia emotiva, naturalidad y eficacia emotiva que no llega a tener casi en ninguno de sus capítulos o lecciones, llega a cautivar o atraer la atención de las personas pobres, del pueblo a quién va dirigido. La Pedagogía tiene sueños, la educación es amor, la alfabetización es amor nos recuerdan Freire, Pineda y la Educación Popular con mayúscula en general y todos los pulcros discursos literarios sobre este, y sobre cualquier otro método, no entienden o ignoran que el Yo, sí puedo mira a los ojos de las personas y les dice cosas en un lenguaje que conecta enseguida con el corazón de esas personas pues la maestra Ángela que les acerca la escuela que nunca tuvieron por el cristalito de la tele alimenta sus sueños con independencia de que les enseñe a leer y a escribir de tal o cual manera más o menos como siempre se hizo…

(Un paréntesis motivado no sólo por mi pasión por el cine sino por algunas ricas experiencias personales vividas...

Aunque produzca hilaridad o sorpresa en alguna persona lectora de estas, más que reflexiones, divagaciones, confieso que recibí una fuerte conmoción hace unos pocos meses al comprobar el cálido clima emotivo y el compromiso posterior resultante con la campaña de alfabetización que estaba a punto de iniciarse en una alejada comunidad de la montaña nicaragüense con motivo de la proyección de El profe, una reliquia realizada hace ya cuarenta años por un personaje singular y entrañable, de nombre Cantinflas. El actor mejicano representa a un abnegado maestro, Sócrates, que sacrifica, como tantos otros, la comodidad y las ventajas de la gran ciudad y opta por enseñar y aprender en una comunidad rural donde cree que su trabajo es más necesario y haciendo buena la frase de Freire respecto a que la educación es conflicto, protagoniza y activa una lucha contra los intereses del cacique local y su gente, que tratan de mantener a toda costa la ignorancia del pueblo para perpetuar su poder. La película, proyectada en una campa surgida del despale o deforestación previa a la siembra del maíz a la sombra de un plástico negro sujeto por unos palos improvisadamente clavados en la tierra, congregaba a casi la cincuentena de personas, la mayoría niños y niñas y jóvenes, que residen en la comunidad. Ya pueden imaginarse la calidad del sonido, compitiendo con el descomunal ruido del generador que permitía la proyección, y de las imágenes proyectadas en un trozo de ropa originalmente blanca sujeta con unos nudos a los palos del fondo del local. Pero les aseguro que la relación afectiva que se establece entre los personajes de la historia que cuenta El profe y los que veíamos la película, el brillo de los ojos de este entregado público, la bulla y el alboroto alternándose con los silencios minerales y las lágrimas, muchas cálidas y justicieras lágrimas, y finalmente el compromiso, la necesidad de tomar partido por los débiles, por el pueblo donde se miraban y se veían, son para mi seguramente irrepetibles. Esta comunidad, gracias a la insólita tríada formada por el Yo, sí puedo, El profe de Cantinflas y la Pedagogía del Amor, se declaró libre de analfabetismo después de rebajar el índice de analfabetismo en dos fases, algo menos de seis meses, del 39'5 al 4'7%. Cinco de las siete jóvenes facilitadoras no habían pasado del quinto año de primaria. Pero, todas miraron la película… y se comprometieron allí mismo como facilitadoras para erradicar el analfabetismo en su comunidad.

La segunda historia que explico la viví en un municipio del departamento de Masaya, también en Nicaragua. Omito muchos detalles y cuento lo esencial. En este caso asistimos a la proyección y presentamos Un lugar en el mundo, aquella bellísima y conmovedora película, cargada de simbolismo para muchos de nosotros, del argentino Adolfo Aristarain, una sobria, intensa, diáfana crónica de la derrota, en la que unos perdedores rememoran un tiempo preñado de esperanzas. Como un hecho menor en la película, dos adolescentes protagonistas viven un episodio de alfabetización sostenido por una frase de la novela de R. Kypling, El libro de la selva, o El llamado de la selva en el título de la película. La intención del joven alfabetizador, y enamorado de la muchacha analfabeta, era que aprendiera a leer y escribir para que no tuviera que repetir por causa de su analfabetismo la historia de dependencia y sumisión de su madre en contra del pensamiento conservador de su padre que prefería que todo siguiera como siempre. Al final, aprende. Unos minutos después de finalizada la proyección nos abordan dos muchachas, después supimos su edad, 11 y 13 años, para pedirnos por favor que si podíamos regalar a la biblioteca un ejemplar de un libro igual al de la película para que ellas también pudieran enseñar a leer y escribir a algunas muchachas que conocían que no pudieron llegarse nunca a la escuela. Pues ellas miraron -vieron, en el español de aquí- y entendieron bien la gran cosa que es para una mujer saber leer y escribir…)

Estoy seguro que lo que voy a afirmar a continuación es una gran simplificación, que no irreverencia, y muy, pero que muy discutible (aportar las mínimas razones para su justificación requeriría otro artículo) pero creo que, metodológicamente, pedagógicamente, se incorporan dos grandes innovaciones a la hora de enseñar a leer y escribir a las personas adultas: la primera, 1961, con el método psicosocial de P. Freire, cuando se relaciona la lectura del mundo y la lectura de la palabra y se transita desde los métodos sintéticos a los analíticos, y la segunda, 2001, cuarenta años después, tan sólo iniciada tímidamente con el Yo, sí puedo manifiestamente mejorable y aún inacabada, con la incorporación y el uso, no sólo formal, de las nuevas tecnologías. La pregunta es ¿para cuándo la incorporación de las técnicas videográficas, de la informática distribuida, etc. a la alfabetización? Naturalmente, eso implicaría, como mínimo, por un lado la democratización de las tecnologías de la información y la comunicación y del acceso a la energía y por otro la correspondiente alfabetización en los códigos de los nuevos lenguajes: volvemos a hablar, pues, de Revolución…

 

Alfabetización: ¿dinero o conciencia? O cómo sólo el pueblo salva (alfabetiza y educa) al pueblo…

En repetidas ocasiones hemos tenido que escuchar o leer que el analfabetismo persiste por la casi nula remuneración que reciben las personas que alfabetizan por realizar su tarea. Dicen que hay otras razones claro, pero esta es una. Esta afirmación, incluso se presenta como resultado de diversas investigaciones científicas. Una de las últimas que he conocido fue a través de la publicación de David Archer (coordinador), Corregir los errores. Puntos de referencia internacionales sobre alfabetización de adultos, 2006, relativa a la investigación de Action Aid y la CME, Campaña Mundial por la Educación, promovida en el estado español por Ayuda en Acción, Entreculturas e Intermón Oxfam. Realizada en el 2004, mediante una encuesta de 108 preguntas dirigida a 67 proyectos localizados en 35 países que decían atender a más de cuatro millones de personas de 15 o más años cuyas respuestas fueron ampliamente analizadas y contrastadas por diferentes vías, desde algunas personas representativas o expertas de gobiernos, organismos nacionales e internacionales, movimientos culturales, sociales y universitarios a especialistas implicados en la investigación o en el ámbito de la alfabetización.

Entre los doce puntos de referencia que resultan de la investigación transcribo aquí, textualmente, el punto 5, que dice “Para favorecer la permanencia de los educadores y educadoras, es importante que se les pague, por lo menos, el equivalente al sueldo mínimo de un profesor de escuela primaria, en función del número de horas trabajadas”. Reivindicar para las personas encargadas de la alfabetización (educadoras) el salario de un maestro, además de una formación inicial importante, cursos de actualización y oportunidades para el desarrollo profesional (punto 6) implica su profesionalización. Y no se repara en gastos: el punto 12 lo deja muy claro: “Un programa de alfabetización de buena calidad probablemente llegue a costar entre 50 y 100 dólares por estudiante al año, durante al menos tres años…” o sea, un total de 150 a 300 por persona alfabetizada (según el punto 1, la alfabetización se reduce para estos expertos a la adquisición y el uso de habilidades de lectura, escritura y cálculo matemático). No comento una vez más la reducción interesada de la alfabetización a la mera adquisición (¿sea de la manera que sea?, pues se habla de habilidades, d'habilitas,-atis, aptitudes o capacidades, pero ¿en qué medida o nivel?), adquisición digo y uso de una técnica (leer, escribir y calcular) pues ya comenté algo al respecto anteriormente.

Pero, si admitimos que la alfabetización sobrepasa la mera adquisición y uso de una técnica y es, sobre todo, un proceso, que decía Freire, de recuperación de la Palabra, y, por tanto, un proceso político que permite a las personas oprimidas, a quienes se les niegan los derechos económicos, culturales, sociales y políticos, tener acceso a los bienes y productos culturales que les permitan leer su entorno de manera crítica y luchar por la conquista de sus derechos y libertades, por la participación informada en los poderes, incluido el económico, que les oprimen y por la transformación social que mejore sus opciones de bienestar, nos parece paradojal ese furor por la mercantilización o mercantilismo de la enseñanza de unos códigos, los de lecto-escritura y cálculo elemental , y su elevado coste dado que en este tema no hay que pagar derechos de autor a nadie… Paradojal y todo un insulto para las personas analfabetas a las que se trata de idiotas olvidando la conocida recomendación “no hable mal de los analfabetos: ellos inventaron la escritura…”

Experiencias a nivel internacional como los PAEBA, programas de alfabetización y educación básica de personas adultas impulsados por las políticas de cooperación para el desarrollo españolas en América Latina, o a nivel local, como el Plan local de acogida y formación de Salt u otros, suficientemente evaluados y sistematizados nos deberían hacer más cautos y reconocer algunas evidencias. Por ejemplo, si después de quince años de PAEBA y una inversión sólo del gobierno español de más de 26 millones de euros, de los cuales alrededor del 60% se destinaron al pago de educadores, promotores (directamente en salario, un 50%, y el resto en capacitaciones) tenemos la situación que tenemos en relación a la persistencia de los índices de alfabetización en la región habría que reconocer que el dinero no lo compra todo, no lo hace todo y que ciertas tesis que menosprecian el valor del voluntariado militante y la cooperación generosa de las comunidades son, como mínimo, irresponsables y carentes de toda justificación empírica. Porque frente a estas tesis hemos sido testimonio de logros incuestionables en la erradicación del analfabetismo apelando a la conciencia de los pueblos de una manera práctica para que se sumen a la alfabetización.

En realidad hablamos de dos modelos diferentes: uno, propio de la Educación bancaria, ¿recuerdan?, en el capitalismo actual considerada una mercancía más, una mercancía que como todas genera beneficios y es necesario privatizar (¿cuántas autodenominadas ONG del ámbito educativo están viviendo del cuento, de la Pedagogía queremos decir, mientras hacen esta función?) y otro, propio de la Educación Popular, que cree que sólo el pueblo educa al pueblo y que lo primero que se necesita para alfabetizar no es un proyecto sino conciencia. Y si el primero pontifica que la alfabetización y la educación básica de adultos no debe dejarse en manos de voluntarios, el segundo en boca del Maestro Pineda, desde la Nicaragua de la Pedagogía del Amor, mantiene, en una frase impagable, que si pagamos la alfabetización estaríamos como tasando el corazón de los jóvenes… Pero como en la Pedagogía actual sobra tanta literatura y falta tanto compromiso ¿a quién cree que invitarán al próximo Congreso Mundial de la Alfabetización que tendrá lugar en Costa Rica el próximo mes de mayo: a Orlando Pineda o a los expertos y personalidades de traje y corbata, o elegante guayabera blanca que para el caso es lo mismo, de siempre?

Hablábamos también de experiencias locales pues, afortunadamente, se van extendiendo las complicidades entre ambos lados del Atlántico y se van ensayando acciones educativas inspiradas por la Educación Popular en municipios catalanes y españoles. De hecho, creo que siempre estuvieron presentes como parte de la herencia republicana en nuestra historia de la alfabetización. Nosotros hemos tenido la oportunidad de vivir una de ellas en el municipio catalán de Salt, de la que se habla en estas mismas páginas, y entendimos de una vez para siempre que ante los retos de todo tipo (pedagógicos, políticos y logísticos, etc.) que nos planteaban las migraciones como expresión demográfica de la globalización capitalista, y sobre todo su aceleración, la apuesta que hicimos por los jóvenes apelando a su conciencia fue un gran acierto. Y nos permitió afrontar, particularmente, los retos formativos y de trabajo comunitario que nos planteaba la llegada masiva de trabajadores inmigrantes y sus familias al municipio, más de 9.000 personas en cinco años, hasta llegar al 40% del total de población empadronada. Tal cantidad de personas recién llegadas en tan poco tiempo hacía imposible su acogida y alfabetización desde las estructuras escolares especificas para la educación de personas adultas. En este caso, como en muchos otros, sólo un llamado a la conciencia de la población o de sus sectores más activos y comprometidos para que se empodere del problema, para que lo asuma, y con los recursos de la misma comunidad le haga frente y busque alternativas y soluciones puede abrirnos un verdadero camino, aunque este camino no haya sido planeado nunca por los expertos en la alfabetización que sólo transitan por las rutas que abre el mercado…

Es una modesta opinión seguramente sin ningún valor pero estamos firmemente convencidos que la erradicación del analfabetismo en la RAAN, Región Autónoma del Atlántico Norte, nicaragüense, no se ha llevado ni se llevará a feliz término pagando promotores y educadores sino dejando que Orlando Pineda y su equipo enamoren a los pueblos miskitu y mayangna-sumu, a la población mestiza, para que sean los protagonistas, actores principales de la alfabetización de sus comunidades. Como igualmente lo estamos de que hasta que el sistema educativo en Cataluña, o en el estado español, no saque fuera de las escuelas de adultos o desescolarice la alfabetización no se afrontará con realismo la alfabetización absoluta y funcional de la población inmigrada recién llegada.

 

Alfabetizaciones: un único proceso que las integre o a río revuelto ganancia de pescadores…

“…El peor analfabeto es el analfabeto político. No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos. No sabe que el costo de la vida, el precio de los frijoles, del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de los remedios, dependen de decisiones políticas. El analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política. No sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales…". Nuestro homenaje a Bertold Brecht en su 110 aniversario y a su preocupación por el ser humano y su destino. Y nuestra reivindicación con sus palabras de las alfabetizaciones en plural.

Porque si hablamos de la educación a lo largo y ancho de la vida con tanto o más motivo deberíamos hablar de la alfabetización a lo largo y ancho de la vida. El contacto con las migraciones y los contextos multilingüísticos y multiculturales, y la historia de la población mundial será cada vez más la historia de las migraciones mundiales, nos reafirma en la evidencia de incorporar en muchos casos una etapa previa a la alfabetización tradicional, la que podríamos llamar preliminar o prealfabetización, que suministrara las competencias lingüísticas suficientes para poder participar en los dispositivos convencionales de la enseñanza de la lectura y la escritura. Nosotros hemos hablado de los círculos de conversación para esta etapa que extiende la alfabetización a lo largo de la vida en uno de sus sentidos. Y el otro sentido, que es a la vez múltiple y dinámico también y que da contenido a lo ancho de la vida se refiere a los nuevos códigos de los lenguajes que se van incorporando a la vida cotidiana de las personas y que dan sentido al progreso de la historia. Nos referimos a los que ya citamos relacionados con la educación en comunicación e información, en medios y formatos de audio, video y datos, pero también a la alfabetización consumerista, a la económica, a la política, a la ecológica, a la tecnológica, a la ética… que la nueva ciudadanía mundial requiere.

La alfabetización es, pues, un proceso complejo y múltiple como la vida misma que se inserta en un tiempo y un espacio histórico concretos y se enmarca en una cultura y un modo de producción determinados. Y, fuera de quienes aún siguen imperturbables con el ba-be-bi-bo-bu, todos los modelos y dispositivos puestos al servicio de la alfabetización contemplan hoy esta perspectiva, de manera que alrededor de un núcleo, la enseñanza del código de lectoescritura y el perfeccionamiento del uso de la lectura, la escritura y el cálculo matemático elemental, adicionan otros objetivos. La alfabetización en salud preventiva, la medioambiental y en economía productiva y de gestión comercial de los excedentes y la política y ética, por ejemplo, en el caso anterior que comentamos de la alfabetización en Nicaragua siguiendo el modelo de la Pedagogía del Amor. Pero insistimos, la alfabetización, en singular o en plural, es un proceso con objetivos y prioridades…

pesar de todo lo dicho, una vez más observamos que a río revuelto ganancia de pescadores… y así, hemos asistido a modernas y aplaudidas presentaciones de experiencias de alfabetizaciones y metodologías que han alfabetizado, por ejemplo, en el lenguaje gráfico y expresivo del rostro y de las manos (textual) pero no se han preocupado de la enseñanza de la lectura y la escritura de esas mismas personas. Que ignorando elementales prioridades y haciendo de su capa un sayo confunden al personal y engordan los currículos académicos pregonando tropelías parecidas a estas. Y es que la temperatura ética de nuestro mundo y la temperatura pedagógica y política de la educación de los pobres es la que es y el termómetro de la esperanza no deja de señalar un intenso frío también en estos aspectos referidos a la alfabetización de las oprimidas…

 

Dejémoslo aquí…

Voy terminando de ocupar el espacio asignado y debo despedirme. Confieso que mi propósito era decir algunas de aquellas cosas tan sabidas pero que se van olvidando o se nos ocultan y hay que volver a repetir, al tiempo que redactaba, como ejercicio a título de ejemplo, uno de esos artículos más literarios que pedagógicos que no dicen casi nada de utilidad, que, tan sobrados de retórica, cuestan de leer, especialmente sus apartados finales que denotan como un cansancio, como si con las primeras páginas ya hubieran podido decir, y mejor, lo que se dice después, y que con aquellas impertinencias propias de quien quiere pero no puede resultan impropios de los educadores utópicos y competentes. Creo que no he alcanzado como yo quisiera estos objetivos. No sé si otra vez será pero continuaremos aprendiendo…

 

Notas

Si no lo pueden hacer tantas y tantas investigaciones internacionales bien pagadas y arropadas en renombrados o influyentes organismos sería ilusorio pensar que está al alcance de cualquiera…

Paradójicamente, la práctica totalidad de estas opiniones, en el ejemplo que utilizo, provenían de educadores y educadoras procedentes de América Latina, en algunos casos de países con altos índices de analfabetismo…

Naturalmente, esta “fusión de contrarios” para crear nuevas realidades no tiene nada que ver con la dialéctica… sino con la falta de innovación y alternativas metodológicas en la alfabetización…

Podría parecer extraño que si dediqué tanto espacio y empeño, aunque fuese en registro “literario” y por tanto sin ningún tipo de análisis riguroso y ponderado, en reivindicar “lo antiguo” y, en cierta manera, atacar “lo nuevo” que ahora lamente que los cambios tecnológicos hayan pasado de largo por la alfabetización de las personas adultas… Aunque creo que no confundo la actualidad con la modernidad algunos interrogantes son razonables: ¿Porqué algunas cosas no deben cambiar y otras es necesario que cambien? ¿Quién debe decidirlo? Estas y otras preguntas no menos importantes relacionadas con ellas requerirían desbordar los límites de este artículo. Espero, pues, comprensión y complicidad de tu parte a la hora de leer para salvar estas lagunas necesarias…

Nombre de la maestra de la serie del Yo, sí puedo .

Naturalmente, utilizo aquí el concepto tan extendido de “territorio libre de analfabetismo” para designar a la situación resultante de rebajar el índice de analfabetismo del conjunto de las personas de quince o más años a una cifra inferior al 5% (la UNESCO admite un 96% de alfabetización para que un país sea considerado “Territorio Libre de Analfabetismo” pues existe lo que este organismo denomina “porcentaje irreductible” (4%), que se refiere a las personas que por diferentes motivos se resisten a participar en los procesos alfabetizadores o son técnicamente muy reducidas las posibilidades de que puedan ser alfabetizadas). Si consideramos la alfabetización como “algo más que enseñar a leer y a escribir”, como un proceso de concientización y liberación de las personas y los pueblos, es evidente que no podríamos utilizar este tipo de indicadores…

Lógicamente no estamos en contra de dedicar recursos económicos suficientes a la alfabetización y educación de las personas adultas ni a dedicar profesionales bien formados y pagados y que trabajen en condiciones dignas en este ámbito educativo, dirigiendo, por ejemplo, programas o campañas de alfabetización. Todo lo contrario. Pero, cuando hablamos aquí de la mercantilización de la alfabetización nos referimos a la tendencia de la educación capitalista de reducir la educación a una mercadería más y no reconocer (o, lo que es más grave, intentar prostituir) la generosidad de los miles y miles de personas, generalmente jóvenes, que voluntariamente participan en la alfabetización y la Educación Popular sin pedir ni esperar nada a cambio.