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Formación y novación docente: entre la formación inicial y la formación en la práctica.
Marzo 2009

Soplos de vida. Propuesta didáctica para trabajar con las personas adultas. La resiliencia.

Anna Forés. UNIVERSITAT DE BARCELONA

 

 

“Como se plantan las semillas de comida, se plantan las semillas de bondad. Traten de hacer un círculo de bondades, y éstas les rodearán y les harán crecer más y más”.

Irena Sendler

 

Respuestas a la semilla: soplos de vida

Un silencio heroico ahora descubierto. Irena Sendler salvó más de 2500 niños Cuando Alemania invadió Varsovia en 1939, Irena era enfermera en el Departamento de Bienestar Social de esta ciudad, Irena vivía los tiempos de la guerra pensando en los tiempos de la paz . Por eso no le bastaba solamente mantener a esos niños con vida. Quería que un día pudieran recuperar sus verdaderos nombres, sus historias personales, sus familias. Entonces pensó cómo poder volver a reagrupar a las familias diseminadas por la guerra. Ideó .anotar los datos en pequeños trozos de papel y los guardaba dentro de botes de conserva que luego enterraba bajo un manzano en el jardín de su vecino. Allí estaba el pasado, sin que nadie los sospechara, de alrededor de 2.500 niños. Al finalizar la guerra, ella misma desenterró los frascos y utilizó las notas para tratar de localizar todas aquellas familias adoptivas y reunirlos con sus parientes.

Irena o Jolanta que era su nombre clave se convirtió en una persona significativa en la vida de estas personas que la recuerdan así:“Recuerdo tu cara. Soy uno de esos niños, te debo mi vida, mi futuro”.

A menor escala que la de Irena, todas las personas podemos facilitar soplos de vida, podemos seguir cultivando la vida.

Todas las personas que trabajamos con adultos, hemos visto centenares de personas que ante las adversidades, muchas de ellas casi insuperables, consiguen resistir, adaptarse e incluso, salir bien librado. ¿Por qué algunas personas pueden hacer frente a los contratiempos y las pruebas más duras de la vida, mientras que otras se sienten superadas por el obstáculo más nimio? Aquellas personas que superan las adversidades de la vida y resurgen fortalecidas las cualificamos de personas con resiliencia.

La resiliencia es una metáfora que intenta encontrar respuesta a la pregunta: ¿cómo puedo seguir siendo humano a pesar de los golpes que me depara el destino? El discurso resiliente intenta explicar qué es lo que permite que una persona se recupere ante la adversidad mientras que otras se ven invadidas por sentimientos de desesperanza y abandono.

 

La resiliencia es la capacidad de un grupo o de una persona de afrontar, sobreponerse a las adversidades y resurgir fortalecido o transformado.

En otras palabras, la resiliencia es la capacidad de una persona o de un grupo de desarrollarse bien, para seguir proyectándose en el futuro a pesar de cruzarse con acontecimientos desestabilizadores, encontrarse con condiciones de vida difíciles y padecer traumas graves.

Es aceptar el realismo, en este caso de Irena de la guerra, pero saber proyectar futuro, el querer que los niños se vuelvan a encontrar con sus familias.

 

Siempre hay una salida

Cuando nos encontramos con situaciones que parecen no tener salida, la resiliencia nos invita a desbloquear la mirada paralizada, dar vuelta atrás del callejón sin salida y encontrar nuevas salidas, nuevas posibilidades. Consiste en reanimar lo que creemos acabado, sortear aquello que parecía que no se podía rehuir. Redescubrir aquello extraordinario que todas las personas poseemos.

La resiliencia es un proceso y no una respuesta inmediata a la adversidad. Más bien nos remite a procesos donde el tiempo juega un papel importante para cicatrizar las heridas. Tampoco nunca hacemos referencia a un estado definitivo. Ser resiliente no tiene que ver con jugar a tocar y parar donde la vida nos toca y proporciona la calidad de superhéroe para siempre. Más bien, la resiliencia está vinculada a los conceptos dinámicos de desarrollo y crecimiento humano. La resiliencia tampoco no pregona una actitud de resistencia como la invulnerabilidad. La resiliencia es más que resistir, es también aprender a vivir. El discurso de la resiliencia va mucho más allá, pues enfatiza la construcción y la reconstrucción de una persona; tiene más relación con la capacidad proactiva de reescribir el guión biográfico que no en la actitud pasiva de resistir el impulso de una situación traumática.

 

Propuesta didáctica para trabajar con las personas adultas la resiliencia : La “casita” de Vanistendael

De las múltiples maneras de trabajar la resiliencia os ofrecemos aquí la que creemos las más significativas para trabajar con adultos.

Podría haber otras:

Trabajar a partir de autobiografías resilientes

  • Narrativas personales
  • Metáforas
  • Otros lenguajes resilientes 

La “casita” de la resiliencia es una metáfora desarrollada por Stefan Vanistendael en el BICE. Es una representación gráfica de los diferentes aspectos de la resiliencia y una herramienta pedagógica importante para intervenir en clave resiliente.

Una “casita” es el símbolo del hogar, donde hay vida. Recordemos que el objetivo de la resiliencia es construir mundos más humanos y esta metáfora entronca perfectamente. Además, la palabra castellana “casita” suena bien en todos los idiomas.

 

 

 

Cada estancia de la casita representa un ámbito potencial para aquellas personas que desean contribuir a construir, mantener o restablecer la resiliencia. Como formadores de adultos tendremos que decidir las acciones precisas (en la metáfora, aquellos muebles) que pondrá en cada habitación. Aún así, lo que recomienda Vanistendael como ideal es intervenir en diversos dominios o estancias a la vez.

Vanistendael afirma de manera rotunda que para construir la resiliencia es necesario, en primer lugar, tener la base de la casa, que son las necesidades básicas cubiertas: se debe garantizar que las personas tengan comida, un sitio para dormir, salud, etc. Si estos mínimos no están garantizados no podemos pretender trabajar el resto. Una persona que ha sufrido un trauma necesita alguna cosa más para aprender a vivir. Así, en el subsuelo, en los cimientos donde se asienta toda la casita de la resiliencia encontramos la red de relaciones más o menos informales: la familia, los colegas, las amistades, el vecindario.

En el núcleo central de esta red relacional encontramos la aceptación profunda de la persona.. Es cierto que te acepto tal como eres pero no a cualquier precio ni de cualquier manera.

En los bajos también encontramos el jardín que nos acerca al contacto de la naturaleza y su uso pedagógico.

 

Se trata pues que los adultos diseñen su “casita” se detengan en ver cual ha sido su vida y como se fundamenta su edificio vivencial.

En el primer piso se halla el sentido de la vida, saber atribuir una coherencia al proyecto vital. Se trata de la capacidad de proyectarse en el futuro, de dar una orientación a la vida. Este primer piso también nos remite a los proyectos concretos, a la capacidad de planificar y fijarse objetivos realizables. Esto puede significar cuidar de un animal, de una planta, incluso, más allá, cuidar de otra persona. La persona descubre el sentido de la vida comprometiéndose con la solidaridad, en la relación altruista con las otras personas, yendo más allá de una relación con uno mismo.

En el segundo piso de la casita encontramos tres habitaciones: la de la autoestima, la habitación de las competencias y las aptitudes, y la estancia de las estrategias de adaptación positiva.

Cuando hablamos de competencias y aptitudes sociales y personales. Saber apreciar en qué son buenos.

En la tercera habitación hallamos las estrategias de adaptación positiva, entre las cuales, el sentido del humor es una de las más importantes. El sentido del humor es la capacidad de conservar la sonrisa ante cualquier adversidad.

El papel del humor es más importante y más profundo cuando la adversidad más trastoque el sentido de las zonas más importantes de nuestra vida. Tener la capacidad de reírse de todo, incluso de uno mismo, es un buen antídoto ante los golpes existenciales. Reírse nos permite reencontrar el sentido a los que zozobra. El humor nos permite transcender el momento concreto, crear distancia entre el problema y la persona.

Cuando una persona está inmersa en la vorágine de la destrucción provocada por una herida corre el riesgo de permanecer en la oscuridad durante un tiempo. El humor es un remedio que pude ayudarla a encontrarse de nuevo.

Y mira siempre el lado bueno de la vida...

En el altillo encontramos el lugar donde se localizan las otras experiencias que pueden contribuir a la resiliencia pero que no han estado recogidas en las estancias anteriores. Podemos encontrar muchas cosas en la buhardilla: una sonrisa en un momento dado, un pasado radiante, la belleza de un paisaje próximo. La misma existencia de este desván nos previene contra la rigidez de cualquier intervención y nos abre las puertas hacia la creatividad: muchas son las posibilidades que se pueden usar para promover la resiliencia.

La formulación tradicional de la “casita” se ha ido complementando con otros elementos. Uno de los más importantes ha sido la chimenea y el sistema de calefacción que ejemplifica la estima. En la parte alta de la casita, la chimenea proporciona el calor, el amor entendido como el reconocimiento del otro como un legítimo otro.

La metáfora de la casita es muy potente. Una casa, como una persona resiliente, no tiene una estructura rígida. Ha sido construida, tiene su historia, y necesita tener cuidados y hacer las reparaciones y mejorar pertinentes. Las distintas habitaciones se comunican con escaleras y puertas, lo que significa que los diferentes elementos que promueven la resiliencia están entretejidos.

Esta “casita “ ha sido muy útil en la formación sobre la resiliencia, donde se pide a las personas que dibujen su propia casita y las estancias que la componen. Algunas representaciones añaden otras casitas e incluso todo un poblado.

Trabajar a partir de sus casas es muy significativo y muy importante. Aprecian sus potenciales escondidos, recobran el sentido y edifican la vida.

 

Bibliografía

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Melillo, Aldo; Suárez Ojeda, Elbio Néstor (comp.) 2001. Resiliencia. Descubriendo las propias fortalezas . Paidós: México.

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Notas

http://www.irenasendler.org